Un estudio internacional publicado en The Seismic Record reconstruyó la fuerza del sismo de magnitud 7,5 que devastó Caraballeda el 24 de junio. Los investigadores determinaron que el movimiento del terreno superó considerablemente los niveles contemplados en las normas venezolanas de diseño sísmico.
CARABALLEDA, Venezuela — Ciencia y tecnología | 23 de octubre de 2026
Un par de cámaras de vigilancia instaladas en un establecimiento comercial de la costa venezolana permitió reconstruir la extraordinaria intensidad del terremoto de magnitud 7,5 que sacudió el norte del país el 24 de junio de 2026 y provocó el colapso de numerosos edificios, según un estudio científico publicado este mes.
Los resultados revelan que el suelo de Caraballeda, en el estado La Guaira, experimentó movimientos comparables con algunos de los más violentos documentados durante grandes terremotos en el mundo. En determinadas condiciones, las intensidades estimadas fueron casi el doble de las contempladas por la normativa venezolana de diseño sismorresistente.
La investigación, publicada el 14 de octubre en la revista científica The Seismic Record, fue desarrollada por especialistas vinculados a la Universidad de Chile, la Universidad de Stanford, la Universidad de Concepción y otras instituciones.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque no existían registros instrumentales directos del movimiento sísmico en Caraballeda ni en otros puntos situados a menos de 10 kilómetros de la ruptura de la falla.
Para superar esa ausencia de mediciones, los científicos recurrieron a una fuente poco convencional: las imágenes de dos cámaras de circuito cerrado de televisión instaladas en el establecimiento La Guaira Bowling.
Un poste de tráfico permitió medir la violencia del terremoto
En las grabaciones, los investigadores identificaron dos objetos que resultaron fundamentales para reconstruir las sacudidas: un delineador de tráfico que se deslizó sobre el pavimento y un poste de alumbrado público que osciló durante el terremoto.
Los especialistas analizaron las imágenes fotograma por fotograma y midieron los desplazamientos de ambos elementos. Posteriormente realizaron pruebas de campo para determinar la fricción entre la base del delineador y el suelo.
Con esos datos y mediante modelos matemáticos, lograron estimar cómo se había movido el terreno durante los segundos más críticos del terremoto.
El análisis estableció que, en la orientación horizontal de mayor intensidad, el suelo alcanzó una velocidad máxima estimada de 202 centímetros por segundo, equivalente a unos 2 metros por segundo.
También calcularon una velocidad incremental de 366 centímetros por segundo, una medida utilizada por los ingenieros para evaluar el potencial destructivo de los pulsos sísmicos sobre las estructuras.
De acuerdo con el estudio, esos valores sitúan las sacudidas de Caraballeda entre las más intensas conocidas.
Los científicos compararon los resultados con registros de terremotos históricos, incluido el de Chi-Chi, ocurrido en Taiwán en 1999, y el de Kobe, Japón, en 1995. También analizaron los datos del devastador terremoto registrado en Turquía en 2023.
Dentro de la base de datos sísmicos NGA-West2, únicamente dos estaciones que registraron el terremoto de Chi-Chi presentaron velocidades máximas del terreno superiores a la reconstruida en Caraballeda.
Ocho edificios comenzaron a derrumbarse casi simultáneamente
Una de las observaciones más impactantes del estudio surgió al relacionar las características del movimiento del suelo con el instante en que comenzaron a colapsar varios edificios.
Las cámaras captaron el derrumbe prácticamente simultáneo de ocho construcciones. Seis aparecen en las imágenes de una cámara y otras dos en las de la segunda.
Otros dos edificios visibles en las grabaciones sufrieron daños graves, aunque permanecieron en pie.
Según los investigadores, la secuencia temporal permite asociar los colapsos principalmente con un intenso pulso de aceleración que actuó en dirección norte-sur.
Ese pulso tuvo una duración estimada de apenas 0,76 segundos.
Aunque extremadamente breve, concentró una cantidad de movimiento capaz de producir importantes deformaciones en las estructuras.
Los científicos señalaron que el fenómeno estuvo relacionado con la ubicación de Caraballeda respecto de la ruptura sísmica y con los efectos de directividad, que pueden concentrar la energía en determinadas direcciones durante la propagación de una falla.
El terremoto del 24 de junio se produjo por una ruptura superficial de desplazamiento horizontal asociada a los sistemas de fallas de Boconó y San Sebastián.
La ruptura avanzó hacia el este a lo largo de un plano de falla de aproximadamente 175 kilómetros de longitud y 20 kilómetros de anchura.
Caraballeda se encontraba en una zona particularmente expuesta a la concentración de energía sísmica.
Sacudidas superiores a las previstas en las normas venezolanas
Uno de los resultados más importantes para la ingeniería sísmica es la comparación entre las intensidades reconstruidas y las exigencias establecidas en la normativa venezolana COVENIN 1756-1:2019.
Los investigadores determinaron que, para períodos de vibración comprendidos entre 0,5 y 2,5 segundos, las demandas espectrales estimadas superaron las del espectro normativo de terremoto extremo por un factor promedio de 1,88.
En determinados intervalos, la relación alcanzó 2,29 veces el valor contemplado por la norma.
Ese rango de períodos es especialmente relevante porque incluye los períodos fundamentales de vibración de numerosos edificios medianos y altos de la zona.
Los resultados no significan que todas las construcciones estuvieran sometidas exactamente al doble de la fuerza prevista en su diseño, sino que determinadas medidas de la demanda sísmica superaron de manera importante los valores espectrales utilizados como referencia normativa.
La diferencia pone de relieve la necesidad de revisar las evaluaciones de amenaza sísmica y considerar los efectos de la orientación del movimiento y la propagación de las rupturas.
Los modelos convencionales de predicción también subestimaron parte de las intensidades observadas.
Incluso después de incorporar correcciones por directividad y direccionalidad, las estimaciones reconstruidas superaron los valores medianos previstos por los modelos y, en algunas orientaciones, alcanzaron o excedieron el percentil 84 de sus predicciones.
La Guaira, entre las regiones más afectadas
La investigación cita estimaciones del Banco Mundial según las cuales La Guaira registró la mayor proporción de daños económicos del país en relación con el valor total de los bienes expuestos al terremoto.
Esa proporción fue calculada en aproximadamente 17%.
La severidad de los daños en Caraballeda resultó particularmente significativa debido a su proximidad con la zona de ruptura de la falla de San Sebastián.
Los autores también recordaron que algunas de las áreas afectadas habían sufrido daños durante el terremoto de Caracas de 1967, aunque de menor gravedad.
En aquella ocasión tampoco se contó con registros instrumentales cercanos suficientes para determinar directamente las intensidades del movimiento del suelo, por lo que los especialistas tuvieron que recurrir a evaluaciones indirectas.
La disponibilidad de grabaciones digitales durante el terremoto de 2026 ofreció una oportunidad inédita para obtener estimaciones cuantitativas más detalladas.
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Una nueva herramienta para estudiar los terremotos
La investigación demuestra que las cámaras de vigilancia pueden convertirse en instrumentos científicos útiles cuando los acelerógrafos y otros equipos especializados no están disponibles.
Para comprobar la validez de su reconstrucción, los investigadores no se limitaron a reproducir el desplazamiento del delineador de tráfico.
También utilizaron el movimiento estimado del terreno para simular la oscilación del poste de alumbrado, de casi 11 metros de altura.
La respuesta calculada fue consistente con la registrada en las imágenes, lo que proporcionó una comprobación independiente de los resultados.
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Sin embargo, los autores reconocieron limitaciones. El procedimiento se concentró en los pulsos de movimiento más destructivos y de período relativamente largo, por lo que no permitió reconstruir todos los componentes de alta frecuencia del terremoto.
En consecuencia, las aceleraciones máximas calculadas deben interpretarse como estimaciones inferiores a los máximos reales que pudieron producirse.
Los investigadores consideran, no obstante, que las estimaciones de velocidad del terreno y de las demandas relacionadas con los movimientos de período largo son suficientemente sólidas para aportar información relevante a la ingeniería.
El estudio plantea que, a medida que aumenta la presencia de cámaras de vigilancia en ciudades ubicadas cerca de fallas activas, las grabaciones de seguridad podrían complementar las redes de monitoreo sísmico.
Esa información permitiría mejorar las estimaciones de peligro, estudiar por qué colapsan determinadas estructuras y orientar las decisiones sobre reforzamiento de edificaciones y reconstrucción después de grandes terremotos.
En el caso de Caraballeda, las grabaciones permitieron obtener información de un fenómeno que los instrumentos sísmicos cercanos no habían podido registrar directamente: los segundos en los que una sacudida extraordinariamente intensa precedió al derrumbe de ocho edificios.
Fuente científica
Estudio: Ground-Motion Intensity in Caraballeda During the 24 June 2026 Mw 7.5 Venezuela Earthquake Estimated from CCTV Video.
Autores principales: José Bustos, Nathan Girmay, Miguel Bravo-Haro, Rodrigo Rojas, Diego Montemayor y Pablo Heresi, entre otros.
Revista: The Seismic Record, volumen 6, número 4, páginas 411-422. Publicado en línea el 14 de octubre de 2026.
DOI: 10.1785/0320260045.
La gran ironía histórica: Japón intentó advertirle esto a Venezuela
Aquí es donde la ciencia conecta la violencia física del estudio con la negligencia en Venezuela:
Tras el desastre de Kobe en 1995, Japón entendió que los edificios de los años 70′ y 80′ no podían sobrevivir a un «Pulso Asesino» cercano a la falla, por lo que aprobó una ley nacional de refuerzo sísmico e instaló armazones externos de acero (contraventeos) en miles de edificios viejos.
Cuando la agencia de cooperación japonesa (JICA) fue a Venezuela a realizar el estudio de riesgo sísmico para Caracas y el litoral central (por orden de Chávez), los ingenieros japoneses aplicaron exactamente lo que aprendieron en Kobe: advirtieron que si la Falla de San Sebastián o la de Ávila rompían a quemarropa, los edificios venezolanos de los años 70 y 80 colapsarían de inmediato si no se reforzaban sus plantas bajas.
En resumen: la fuerza que golpeó Caraballeda (366 cm/s y 0.89 g a menos de 100 metros de la falla) es una monstruosidad física fuera de escala que habría destrozado estructuras en cualquier país del mundo; la diferencia es que Japón aprendió de Kobe reforzando sus edificios viejos para que no mataran a sus habitantes al fallar, mientras que en Venezuela se engavetó la advertencia japonesa y a esos edificios de los 70/80 se les sumaron toneladas de agua en los techos. Obviamente, Japón es altamente sísmico y entendieron la urgencia, mientras que en Venezuela pensaron que nunca pasaría.
IN MEMORIAM
Este sábado 24 de octubre se cumplen 4 meses del doble terremoto que afectó particularmente a La Guaira, antiguo estado Vargas.
Después de este tiempo, lo único que ha triunfado es la negligencia, la complicidad y el silencio.
Las cifras oficiales aseguran que los fallecidos fueron un poco más de 8 mil personas, cuando internacionalmente se cree que realmente superaron los 50 mil.
Aún siguen apareciendo cadáveres que nadie llorará, que no tendrán una sepultura decente y cuyo único “delito” fue ser pobres.











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