Pocas veces habíamos presenciado una contienda electoral con tanta carga desinformativa, tóxica y contaminada. Estábamos acostumbrados, cuando disponíamos de menos redes sociales y sin inteligencia artificial, a compartir con nuestros semejantes, conversaciones constructivas, amenas y racionales. Pero, como es usual, en época de campaña política, la tensión aumenta, las emociones se exacerban y emergen divergencias de opinión alrededor del voto.
Lo describen magistralmente dos maravillosas obras que se han convertido en bestseller. “Nexus”, de Yuvan Harari, que nos habla de las narrativas que van creando comunidades, que finalmente se asocian por simpatía y convergencia de creencias. Y “Charlatanes” de Moisés Naim y Quico Toro, refiriéndose a aquellos líderes que se han convertido en la lacra del siglo XXI por su facilidad de embaucar y manipular los sueños de las personas y de las masas.
En este contexto electoral, he tenido la oportunidad de compartir, más allá de mis columnas de opinión, mis experiencias y posiciones con diferentes sectores a nivel nacional e internacional, pero principalmente con la reserva activa de la fuerza pública, los empresarios, ONGs, universidades, y comunidades en el exterior. Siempre con sensatez, honradez y el ánimo de contribuir por un mejor país. Sin embargo, me he topado con situaciones realmente inimaginables. Un teléfono roto, tóxico y contaminado, por no decir, mentiroso, embaucador y manipulador. La desinformación va desde la creencia ciega a la cantidad de basura que mueven las plataformas digitales y las bodegas contratadas, hasta un voz a voz dirigido para causar daño, sin principios y acudiendo a las vías de hecho, por ejemplo, interceptando ilegalmente a su contrincante, según denuncia.
Cito un ejemplo puntual. Una comunidad específica y amplia de colombianos en el estado de La Florida (USA) con quien tuve la oportunidad de conversar, se comunica bajo el convencimiento ensordecido de que la candidata Paloma Valencia es santista y Juan Daniel Oviedo izquierdista, y que el otro candidato es el “Bukele” que necesita Colombia. Y lo más grave, llenos de argumentos falsos y evidentemente fabricados. Práctica muy usual en un bufete de abogados, acostumbrado a cooptar a investigadores (HSI tiene evidencia) para proteger a grandes criminales, y también a inventarse un supuesto espionaje (MI6 desvirtuó) de un presidente de la República a su vicepresidente, con informes forenses manipulados (existe soporte técnico) para afectar la gobernabilidad y cobrar honorarios.
Otros grupos de redes, absolutamente válidos y con libertad de opinión, asociados con la seguridad, la política y la academia, están bajo el hervidero del radicalismo, la emoción y una evidente manipulación informativa, exponiendo redentores con falsas promesas y desacreditando a su competencia con una poderosa y peligrosa maquinaria aceitada por el fanatismo. Y lo peor, es puro fuego amigo. Se habla del mal menor y que para salvar la patria del comunismo hay que elegir, entregando los principios a los que han dedicado su vida, a la defensa de criminales. Repito, aquí no aplica el juramento hipocrático de los médicos, y los abogados son libres de elegir a sus clientes. La ética si aplica en el derecho.
De otro lado, encontramos un diálogo muchos más ponderado, inteligente y propositivo con la gran mayoría del empresariado del país. El que da la cara, al que le duele profundamente el atolladero en el que nos encontramos y el que está dispuesto a jugársela para recuperar la confianza inversionista y el crecimiento económico. Este sector en general, al margen de la desinformación y asumiendo posiciones críticas y transparentes, reconoce, por ejemplo, la alianza de las nueve fuerzas unidas alrededor de la victoriosa Gran Consulta por Colombia. Coincide en que allí converge un equipo de líderes visionarios, con experiencia comprobada y con el suficiente carácter, firmeza y autoridad moral para reencauzar la nación.
El voto es un acto que conlleva una enorme responsabilidad y la ética debe acompañar tal decisión. La charlatanería, la excentricidad, el show mediático y el fanatismo, como claramente lo expone la obra mencionada, son la lacra del siglo XXI, cuya única pretensión es atrapar a ignorantes, incautos y una masa frágil, que los “legitime” como salvadores, pero su real pretensión es limpiar un pasado gris y redimirse ellos mismos. Las mafias del pacífico, que tienen a la población bajo terror y fuego, no se enfrentan con payasadas, ni falsas promesas, tampoco con bailes ridículos y juegos pirotécnicos, se confrontan con firmeza y autoridad, pero demostrada y comprobada, no con anuncios supersónicos. Por eso, en buena hora, un número representativo de exministros de Defensa y más de 45 generales retirados de la República, han decido unirse a la fórmula presidencial que suma. Aquí es donde deben estar unidos, los más honestos y auténticos representantes de la reserva activa y las familias de nuestros soldados y policías, los verdaderos defensores de la Patria.

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