Las manos sobre el petróleo- Al menos 8 pozos de 17 han sido retirados a empresas vinculadas a Pekín, que todavía es acreedor de 10.000 millones de dólares frente al país. Y se multiplican los accidentes y los desastres.

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Al menos 8 pozos de 17 han sido retirados a empresas vinculadas a Pekín, que todavía es acreedor de 10.000 millones de dólares frente al país. Y se multiplican los accidentes y los desastres.

Larga y plagada de obstáculos, la carrera por el crudo de Caracas

ESTEFANO TAMBURRINI

El petróleo cedido por Caracas a Washington equivale al 7,2 % de las reservas de crudo certificadas a nivel mundial. Diecisiete pozos, 65.000 millones de barriles, para un siglo.

Y la respuesta de las grandes petroleras fue inmediata: Chevron, Eni y otras compañías corrieron a Caracas para firmar ocho acuerdos de “cooperación estratégica” en los sectores petrolero, petroquímico, gasífero y eléctrico.

Chevron pondrá sobre la mesa 7.000 millones de dólares; Eni gestionará el bloque Junín-5, que contiene una reserva certificada de 35.000 millones de barriles. General Electric Vernova tendrá, por su parte, la tarea de recuperar un sistema eléctrico colapsado y carente de mantenimiento.

Pero el proceso podría ser más largo y complicado de lo anunciado por Estados Unidos. La industria petrolera está prácticamente en ruinas, la contaminación se encuentra por las nubes y al menos ocho pozos de diecisiete han sido retirados a empresas vinculadas a Pekín, que todavía mantiene créditos por 10.000 millones de dólares frente a Caracas.

También está en discusión la legitimidad del acuerdo, cuya supuesta nulidad consigue poner de acuerdo incluso a sectores de la oposición, del chavismo y a congresistas estadounidenses.

La opacidad del acuerdo

Los primeros contratos fueron firmados el martes pasado en el Salón Sol del Perú del Palacio de Miraflores, bajo la atenta mirada del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, quien aterrizó ese mismo martes en la Rampa 4 del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, para coordinar los trabajos.

El “halcón” llegó rodeado por decenas de jets privados, con el objetivo de “duplicar” la producción petrolera del país “antes de que termine la década”. Es decir, superar el umbral de los 2 millones de barriles diarios.

El acuerdo ya ha sido presentado como un modelo para el denominado “patio trasero”, pero:

“No existe un borrador ni un fragmento de documento mediante el cual puedan consultarse los detalles”.

Así lo comentaron a Avvenire algunos diputados de la Asamblea Nacional venezolana, quienes ese mismo martes ratificaron el acuerdo a ciegas y bajo la presión de las grandes petroleras.

Según explican:

“La orden era no obstaculizar los contratos”.

También aumenta la preocupación entre congresistas republicanos como Ted Cruz, Carlos Giménez y María Elvira Salazar, quienes temen que, tarde o temprano, el acuerdo resulte “contraproducente” para Estados Unidos.

Sin embargo, el magnate continúa sosteniendo que Venezuela “va muy bien” y vuelve a alejar la posibilidad de convocar nuevas elecciones:

“Todavía no están preparados”.

La posición de China

Al principio, potencias como China y Rusia, que ya cuentan con una fuerte presencia en Caracas, reaccionaron con cautela ante el anuncio del que Donald Trump calificó en redes sociales como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”.

Sin embargo, genera preocupación la promesa de “duplicar las reservas de petróleo” de Estados Unidos y “reducir el coste de la gasolina” para los ciudadanos estadounidenses a costa de un país sumido en una crisis humanitaria y que lucha por recuperarse.

La Administración Trump afirma haber expulsado la “influencia extranjera maligna” del denominado patio trasero, acusando a China y Rusia de haber “saqueado” los recursos de Caracas.

Estas declaraciones provocaron la reacción del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun:

“Empresas chinas, incluidas las estatales, han invertido en estos yacimientos durante muchos años. ¿Cuál es la posición del Ministerio de Asuntos Exteriores [venezolano] en estos momentos?”.

La mayor parte de los campos gestionados por empresas chinas, como China Concord Company, habrían sido transferidos a North American Blue Energy Partners (NABEP), participada en un 35 % por el Pentágono, pese a que en el pasado el Congreso estadounidense había negado cualquier autorización para proceder.

NABEP está gestionada por el empresario e intermediario Alejandro Betancourt, involucrado, según el artículo, en tramas de corrupción valoradas en 9.000 millones de euros, entre ellas el caso MoneyFlight en Miami.

Se trata de un perfil controvertido que, hasta ahora, ha servido para desplazar el debate hacia la posible ilegalidad del acuerdo.

Viaje por los campos petroleros

La mayoría de los campos petroleros no se encuentran en condiciones de responder a los picos de productividad que espera Washington. Y todavía menos preparados están los territorios afectados.

En los ocho campos situados en la cuenca del Lago de Maracaibo se registran graves casos de subsidencia, es decir, fuertes hundimientos del terreno provocados por el vaciamiento derivado de la actividad extractiva.

El fenómeno afecta especialmente a las zonas de Bachaquero, Tía Juana y Lagunillas.

La subsidencia también hace vulnerable el dique que separa el lago de tierra firme, en una zona situada aproximadamente cinco metros por debajo del nivel del agua.

No se trata de un fenómeno natural, sino provocado por la actividad petrolera.

Según documentos de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat:

“Cada año la tierra se hundía entre diez y veinte centímetros, dependiendo de la intensidad de la actividad extractiva”.

Algunos campos, especialmente los de Bachaquero, aparecen prácticamente desmantelados.

Otros, como Lagunillas Lago, Lagomar y Lagomedio, registran miles de pozos cerrados con continuas fugas de petróleo y gas.

El dirigente sindical José Bodas explica:

“No se trata de hechos aislados ni de accidentes fortuitos. Algunas tuberías tienen más de medio siglo de antigüedad. Pero nadie las sustituye”.

Costes humanos

De vez en cuando explota alguna instalación gasífera, como ocurrió en mayo con el accidente de la planta Lamargas, en el que perdió la vida el trabajador Jorge Rivera.

También existen otros accidentes y otras víctimas, pero PDVSA no proporciona datos.

Lo mismo sucede en la Faja del Orinoco, donde se encuentra la otra mitad de los campos concesionados, distribuidos en las divisiones Carabobo, Junín y Ayacucho.

Hay montañas de coque de petróleo (petcoke) al aire libre, fugas constantes y daños irreversibles en la cuenca del río Orinoco.

En el aire se encuentran dióxido de azufre, metano, hollín y otros gases procedentes de las antorchas de combustión.

Los más vulnerables sufren especialmente las consecuencias, con casos de dermatitis, enfermedades respiratorias y otros problemas de salud.

Carmen González, residente en San Timoteo, relata:

“Aquí dormimos con el olor a petróleo que nos llega hasta la garganta. Mi nieta, de cuatro años, nació con graves problemas respiratorios. Nos prometieron trasladarnos, pero seguimos atrapados en el veneno”.

En esencia, el artículo plantea que el potencial petrolero venezolano es gigantesco, pero la entrada acelerada de capital estadounidense se enfrenta a tres grandes obstáculos: la disputa geopolítica y contractual con China, el enorme deterioro de la infraestructura petrolera y eléctrica, y los graves daños ambientales y humanos acumulados durante años.




 

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