El Catatumbo y los truenos de guerra – General (r) Juan Carlos Buitrago Arias

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En lengua Barí, Catatumbo significa “Casa del Trueno”, por los relámpagos incesantes sobre el río y la cuenca del lago de Maracaibo. Es, según la NASA, la zona con mayor frecuencia de rayos en el mundo: 1,6 millones al año.

Pareciera una premonición. A la par de su abundante riqueza natural, ha sido sometida al castigo de lo divino y lo humano. Los truenos naturales no dejan dormir. Tampoco los truenos incesantes de la guerra desde hace seis décadas. Hoy son 5 mil terroristas de cinco grupos criminales que se disputan 43 mil hectáreas de hoja de coca, que representan 500 toneladas de cocaína al año, el 20% del total nacional. Además, del hurto de hidrocarburos, el contrabando y la extracción ilícita de minerales que se extiende al Arco Minero venezolano.

El más reciente trueno retumbó la noche del 31 de agosto, un vehículo cargado con 80 kilos de explosivos activado por el Eln frente a la estación de Policía de Los Patios, en Cúcuta. Un muerto, once heridos, dos de ellos uniformados, uno con su pierna amputada. Menos de 24 horas después, la fuerza pública frustró un segundo artefacto en zona rural de la misma capital y el 31 de julio ya había caído otro coche bomba cerca del Comando de Policía en Cúcuta.

Los truenos de la guerra dejan en el Catatumbo más de 160 mil desplazados en 25 años y cerca de 5 mil muertos en la última década. Norte de Santander registra más homicidios al año que 70 países del mundo juntos, 516 en un año. La tasa de informalidad alcanza el 84%, la más alta del país, y el contrabando se convirtió en la principal fuente de empleo. Los registros de la Central de Investigación, Monitoreo y Análisis, CIMA/StrategosBIP, documentan 1,89 millones de dólares en mercancía ilegal decomisada en la región entre 2022 y agosto de 2025, cigarrillos, licores, calzado y ropa falsificada, medicamentos oncológicos adulterados, agroquímicos, combustible, autopartes, ganado y redes de tráfico de migrantes.

Casi 13 millones de votos le apostaron a una ofensiva total contra el crimen organizado para reencauzar la seguridad. A un mes de gobierno, los resultados son contundentes, 5 operaciones de impacto y la baja de alias Bendito, señalan el camino correcto. No hay operaciones improvisadas. El carácter, la estrategia, el liderazgo y la iniciativa de nuestra fuerza pública se restablecen con agilidad y efectividad.

Bien hace el gobierno en catalogar a estas estructuras criminales como terroristas y ojalá el nuevo estatuto antiterrorista, anunciado por el ministro del Interior, se apruebe prontamente.

El terrorismo es el tentáculo más tenebroso de la hidra de mil cabezas, que nos mantiene en este ciclo interminable de corrupción, criminalidad y violencia. Por lo tanto, es hora que EE.UU. someta a las cabezas del Eln y las Farc en sus guaridas en Venezuela, Iván Márquez y Antonio García. Los mismos cobardes que desde el otro lado de la frontera, -protegidos por los gobernadores del régimen de los Estados de Zulia, Barinas, Táchira y Apure; entre ellos Adán Chávez y Fredy Bernal- ordenaron ataques terroristas como el de Los Patios y el magnicidio del candidato presidencial Miguel Uribe Turbay.

Es urgente investigar la complicidad de mandatarios departamentales y municipales con el terrorismo, el contrabando y el narcotráfico. También, asignar un Gerente Regional que articule la gobernanza estatal, de la mano de una Fuerza de Tarea Conjunta con asesoría y apoyo del Escudo de las Américas en Tibú. Se trata de poner en marcha una especie de “guerra de decisión rápida” que defina, de una vez por todas, la recuperación institucional del Catatumbo.

Los truenos de la guerra que desata el terrorismo no dan espera. Tampoco los truenos de la miseria, que tienen al Catatumbo con el 44.8% de hogares en la pobreza, el más poderoso caldo de cultivo de las economías criminales.

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