El economista estadounidense Steve H. Hanke propone que Venezuela adopte un sistema de dolarización oficial que impida al Banco Central de Venezuela (BCV) aplicar políticas monetarias discrecionales.
Hanke, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins, reveló a El Diario que redactó un proyecto de “ley de dolarización” para Venezuela. Aseguró que su propuesta es compatible con el numeral 11 del artículo 156 y con el artículo 318 de la Constitución, que establece el bolívar como unidad monetaria.
En una primera publicación de esta entrevista, El Diario presentó los aspectos principales del plan y las interrogantes que todavía existían sobre su implementación. Entre ellas se encontraban el método para determinar la tasa inicial de conversión y la capacidad del sistema para responder ante crisis bancarias, problemas de liquidez o déficits fiscales sin que el BCV pudiera crear dinero.
En sus respuestas adicionales, Hanke planteó que Venezuela debería seguir un procedimiento parecido al utilizado en Bulgaria, en 1997: suspender temporalmente la emisión monetaria, permitir que la moneda fluctúe frente a la divisa de referencia durante 30 días y encargar la decisión final a un grupo de expertos, sin participación de políticos.
El economista también sostuvo que impedir al BCV financiar al sistema bancario o a las autoridades fiscales establecería una “restricción presupuestaria dura”. A su juicio, esa limitación reduciría la frecuencia de las crisis fiscales y bancarias, en lugar de agravar sus consecuencias.
El planteamiento de Hanke para Venezuela se enmarca en una estrategia más amplia que promueve el uso internacional del dólar estadounidense. En agosto de 2025, el economista se reunió en dos ocasiones con funcionarios del Departamento del Tesoro, la Casa Blanca y otros organismos de la administración del presidente Donald Trump para analizar mecanismos que permitieran ampliar el uso del dólar en otros países.
En esas conversaciones, Venezuela y Argentina estuvieron entre los países considerados como posibles candidatos para adoptar esquemas de dolarización, como parte de una estrategia que Hanke presentó como respuesta a los esfuerzos de China y Rusia por reducir el uso internacional del dólar. En noviembre de 2025, Hanke afirmó que la iniciativa todavía estaba en desarrollo y que mantenía contacto regular con funcionarios de la administración Trump sobre estos asuntos.
A continuación, la entrevista completa con Steve Hanke:
—¿En qué consiste la propuesta de dolarización en la que trabaja actualmente para Venezuela y cuáles serían sus principales componentes y las etapas para implementarla?
—Como he hecho en otros países, he redactado un proyecto de ley de dolarización para Venezuela. Mi propuesta es compatible con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en particular con el numeral 11 del artículo 156 y con el artículo 318.
—¿Cuáles son sus expectativas para Venezuela si el país avanzara hacia una dolarización formal? En particular, ¿qué efectos tendría sobre la inflación, la estabilidad económica, la inversión y el crecimiento?
—La dolarización en Venezuela produciría los mismos efectos que ha generado siempre en otros casos. Provocaría un choque de confianza que eliminaría inmediatamente la inflación y establecería la estabilidad monetaria. Y aunque la estabilidad quizás no lo sea todo, sin estabilidad no hay nada.
—¿Qué condiciones institucionales, fiscales y políticas tendría que cumplir Venezuela para que un programa de dolarización fuera creíble y sostenible a largo plazo?
—No existen condiciones previas para que una dolarización sea exitosa. Lo sé por mi estudio de todos los casos de dolarización y por mi experiencia directa en Montenegro, Ecuador y Zimbabue.
—Dado que Venezuela ya está ampliamente dolarizada en la práctica, ¿cuál sería la principal diferencia entre la dolarización de facto actual y el esquema de dolarización formal que usted propone?
—La principal diferencia entre la dolarización de facto y la dolarización oficial en Venezuela sería que esta última eliminaría la política monetaria desestabilizadora y la depreciación de la moneda provocadas por el Banco Central de Venezuela.
—¿Cómo abordaría la transición del sistema bancario y del bolívar bajo este plan? En particular, ¿qué ocurriría con los depósitos y las obligaciones denominados en bolívares, y cuál sería el papel del Banco Central de Venezuela?
—Una vez fijado un nuevo tipo de cambio, todas las cuentas denominadas en bolívares pasarían a estar denominadas en dólares estadounidenses, y la conversión se realizaría conforme a ese nuevo tipo de cambio. En cuanto al Banco Central de Venezuela, conservaría todas sus responsabilidades y funciones, pero no tendría permitido aplicar políticas monetarias discrecionales.
—¿Cómo se determinaría la tasa de conversión inicial entre el bolívar y el dólar estadounidense según su propuesta y quién fijaría esa tasa y con base en qué criterios?
—La determinación de la tasa de conversión entre el bolívar y el dólar estadounidense es de suma importancia. El mejor enfoque, tanto desde el punto de vista teórico como práctico, consiste en hacer lo que hice en Bulgaria, donde fui el principal asesor económico del presidente Petar Stoyanov. En aquel momento, en 1997, Bulgaria tenía que establecer un tipo de cambio fijo entre el lev búlgaro y el marco alemán, que era la moneda ancla utilizada para respaldar completamente el lev. Este sería emitido mediante una nueva caja de conversión, similar a la de Hong Kong.
¿Cómo determinamos la tasa de conversión? Anunciamos que se establecería una caja de conversión y que el tipo de cambio del lev quedaría fijado de manera permanente respecto del marco alemán. Posteriormente, prohibimos que el Banco Nacional de Bulgaria emitiera nuevos levas y permitimos que el lev flotara libremente frente al marco durante un periodo de 30 días. Al finalizar esos 30 días, un grupo de expertos examinó todos los datos cambiarios recopilados, los comparó con otros cálculos convencionales sobre valores razonables del tipo de cambio y finalmente estableció el tipo de cambio fijo —o tasa de conversión—. Esta decisión fue tomada por un grupo de expertos, entre los que me encontraba. Los políticos fueron excluidos del proceso.
En resumen, mi enfoque preferido para determinar una tasa de conversión —que funcionó a la perfección en Bulgaria— depende en gran medida, aunque no exclusivamente, de datos generados por el mercado.
Para ilustrar uno de los problemas que surgen cuando la tasa de conversión no se determina correctamente, permíteme referirme al proceso de dolarización de Ecuador. La forma en la que se estableció la tasa de conversión entre el sucre ecuatoriano y el dólar estadounidense contrasta marcadamente con mi enfoque preferido, basado en el mercado, que fue el que apliqué en Bulgaria. El presidente Jamil Mahuad se limitó a anunciar que la tasa de conversión sería de 25.000 sucres por dólar. Mi posición en aquel momento fue que la tasa fijada por Mahuad era arbitraria y no se sustentaba en ninguna base teórica ni empírica sólida. De hecho, incluso mis cálculos preliminares sobre un valor razonable situaban el tipo de cambio alrededor de los 20.000 sucres por dólar.
Al fijar arbitrariamente la tasa en 25.000 sucres, Mahuad devaluó efectivamente el sucre entre un 20 % y un 25 % frente al dólar estadounidense. Como consecuencia de esta importante subvaloración, las tasas de inflación de Ecuador tardaron mucho más de lo necesario en converger con las de Estados Unidos. Curiosamente, cuando me reuní en 2001 con el distinguido profesor Stanley Fischer, entonces primer subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), para conversar sobre la dolarización de Ecuador y sus avances, Fischer señaló que mi análisis sobre la incorrecta determinación del tipo de cambio ecuatoriano había sido un diagnóstico acertado que prácticamente todos los demás habían pasado por alto.
—Si el Banco Central ya no pudiera crear dinero, ¿cómo enfrentaría Venezuela las crisis bancarias, la escasez de liquidez o los déficits fiscales bajo un sistema de dolarización oficial?
—En mi investigación sobre las 33 jurisdicciones que están “dolarizadas”, los datos muestran claramente que el crecimiento económico es más rápido, la inflación es mucho más baja, los déficits fiscales son mucho menores y las crisis bancarias son mucho menos frecuentes que en países comparables que utilizan bancos centrales con capacidad para crear dinero y crédito. En resumen, los bancos centrales que aplican políticas monetarias discrecionales generan inestabilidad y crisis.
Basta observar lo que la banca central le ha hecho a Venezuela. Ha destruido el bolívar; ha provocado dos episodios de hiperinflación —entre 2016 y 2019, y en 2020—; también ha generado la que actualmente es la inflación más alta del mundo, que hoy estimo con precisión en un 356,4 % anual; y ha sumido a Venezuela en una de las mayores crisis económicas de la historia.
La clave para comprender los principales beneficios derivados de un sistema dolarizado sin un banco central activo radica en que, bajo este sistema, no existe una autoridad monetaria que pueda conceder crédito a las autoridades fiscales o al sistema bancario. Esta denominada «restricción presupuestaria dura» introduce disciplina en los sistemas fiscal y bancario. Por esa razón, las crisis fiscales y bancarias tienden a desaparecer en los sistemas dolarizados.
Para concluir, vale la pena destacar que una de las críticas que suele formularse contra la dolarización es la incapacidad de un sistema dolarizado para conceder crédito al sistema bancario. Este argumento no es más que un hombre de paja. Las principales crisis bancarias del mundo han ocurrido en países con bancos centrales, donde la función de prestamista de última instancia se ejerció con un abandono temerario de la prudencia.
En contraste, los países dolarizados no solo han evitado grandes crisis bancarias, sino que sus sistemas bancarios, al saber que no serían rescatados por un prestamista de última instancia, han tendido a fortalecerse con el tiempo. No contar con una autoridad monetaria capaz de actuar como prestamista de última instancia es beneficioso, no perjudicial.
Sobre Steve Hanke
Steve H. Hanke es profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins. Entre 1995 y 1996 fue asesor económico del presidente Rafael Caldera y actualmente es asesor especial en Asuntos Económicos, Monetarios y Energéticos del despacho del diputado Antonio Ecarri en la Asamblea Nacional de Venezuela.


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