En una Venezuela de rodillas, ni siquiera se logra enterrar a las víctimas del terremoto

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Por Estefano Tamburrini

En La Guaira faltan bolsas mortuorias y palas. La presidenta interina Rodríguez fue recibida entre silbidos durante su visita a las zonas devastadas. La carrera contrarreloj para recuperar supervivientes está ya en las últimas. Oficialmente se cuentan 1.450 muertos. Nuevos temblores en Caracas.

Y llega el luto. Agotadas las primeras 72 horas, las cruciales para salvar vidas, los rescatistas, locales y extranjeros, han llegado a La Guaira y a otras zonas golpeadas por el enjambre sísmico del 24 de junio. La escena es desgarradora: cientos de cadáveres tendidos en el suelo, puestos en fila. Yacen en el estacionamiento de la morgue de Pariata, en La Guaira. La mitad de ellos están envueltos en sábanas blancas o de colores. Otros, en cambio, desnudos o semidesnudos, con señales de heridas mortales. El sol golpea fuerte y pone en riesgo su conservación. Varios cuerpos, extraídos de entre los escombros, fueron abandonados en las aceras de Playa Grande, cerca de Oasis Beach.

«Desde hace 48 horas esperamos la retirada de muchos cadáveres. Algunos de ellos ya han sido identificados, pero no hay medios para llevárselos y darles una sepultura digna», explica la voluntaria Adelaida Martínez a Avvenire. Sobre uno de ellos hay apoyada una tarjeta: José Luis Figuera, nombre y apellido. Probablemente era un empleado público.

Rescatistas de El Salvador nos cuentan que, a su llegada, la situación ya se había precipitado. Quienes estaban allí antes no tenían las herramientas adecuadas. «Faltaban incluso picos y palas», relatan los residentes. Luego, una petición desesperada se difunde como una mancha de aceite: «Hacen falta bolsas mortuorias. No tenemos suficientes».

De entre los escombros aún aparece algún superviviente. Es un joven, menor de 18 años. «¡Estás a salvo!», exclaman los paramédicos locales, entre lágrimas, besándolo en la frente. «Me ha salvado mi madre —dice él, en estado de shock—. Pero ella, mi abuela y mi hermana quedaron debajo».

La situación es tan grave que obligó al ministro del Interior, Diosdado Cabello, a restringir el acceso a la región. «También hay un problema de salud pública. Ya han pasado horas. Y hay vivos, pero también muertos bajo los escombros», admitió. Los controles han ralentizado aún más el tráfico hacia la región, con el agravante del derrumbe del puente San Julián, en la localidad de Caraballeda.

Por otra parte, Washington y sus aliados intentan la última carrera contrarreloj. El viernes, el mayor general de los Marines, Kevin J. Harrad, se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez para coordinar esfuerzos conjuntos entre el ejército estadounidense y el local. Caracas recibió además una ayuda total de 250 millones de dólares de Washington. En una llamada telefónica con Rodríguez, Donald Trump habría reiterado «el compromiso de apoyar los rescates». También el líder chino Xi Jinping anunció el envío de ayuda humanitaria a Caracas. Además, se activó el mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe creó un fondo para la reconstrucción del país, además del ya anunciado por Rodríguez. Fuentes gubernamentales dicen a Avvenire que la ayuda está almacenada en la base aérea “Libertador” y que el personal de rescate, local y extranjero, está sobre el terreno. Pero no basta.

La gente, indignada por los constantes saqueos, pide una mayor presencia del Estado. «Cuando bajamos a la plaza a manifestarnos por nuestros derechos, los agentes estaban allí enseguida para hacernos daño. Ahora que los necesitamos, están desaparecidos», lamenta la activista Leticia Flores. La rabia se descarga también contra la propia Rodríguez, recibida entre silbidos y protestas durante su visita a la zona cero.

Y el miedo no desaparece: también hoy, lunes, se produjeron nuevos temblores en Caracas y La Guaira. Otro, el sábado, de magnitud 4,9, hizo temblar de nuevo el estado de Aragua. El riesgo de un nuevo temblor fuerte se mantiene en el 84%. Oficialmente, los fallecidos son 1.450 y los heridos 3.150. Pero los desaparecidos ascienden a 55.000, según la plataforma venezuelareporta.org, y persiste el riesgo de desplazados internos y externos, con 6,7 millones de personas afectadas por el sismo.

Sin embargo, no falta la fraternidad, con numerosas personas que en las últimas horas acudieron a los puntos de recogida. Lo confirma Carlosman Leal, concejal del municipio Lagunillas: «Hay mucha solidaridad por parte del pueblo venezolano, aunque esté probado por dificultades sociales y económicas».




 

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