El joven salvado después de 106 horas: así renace la esperanza entre los escombros en Venezuela

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Por Estefano Tamburrini

Aaron Levi Castillo, de 21 años, fue sacado con vida gracias a una operación que duró 48 horas, realizada junto con las brigadas de rescate de México y El Salvador. Pero crece la indignación por los retrasos.

Ciento seis horas bajo los escombros. Aaron Levi Castillo, de 21 años, no cedió ante la muerte. Aún estaba vivo cuando los rescatistas lo levantaron de entre las ruinas. «Resiste, hermano», le decían los operadores, dándose la mano con fuerza entre ellos. Estamos en Caraballeda, La Guaira, donde se encontraba el edificio OPP 25. Castillo fue recibido después con los aplausos de los residentes. En el fondo, si él está vivo, piensan, otros también pueden lograrlo.

Hay un inédito pedazo de América Latina en la operación, que duró 48 horas y fue realizada por las brigadas de rescate de El Salvador, México y Venezuela. Incluso Nayib Bukele, de El Salvador, se emociona: «Gracias a Dios, porque has permitido este milagro». Es un «milagro» también para los amigos de Castillo, entre ellos Darly Méndez, que le escribe: «Un día harás realidad tu sueño de ser cantante». También fue salvada Marlene, de 80 años, recuperada en Playa Grande por un equipo de Ecuador.

También hay una presencia masiva de Estados Unidos, con maquinaria pesada y más de doscientos soldados en misión para «reabrir el puerto de La Guaira». Están activos además rescatistas israelíes y argentinos. «Hay una tregua diplomática con Caracas», dice la analista Laura Núñez Marín en Infobae. «Paradójicamente —explica—, los enemigos de antes son ahora los más cercanos a Caracas». Es una cuestión de humanidad, allí donde los propios operadores estadounidenses admiten no haber visto nunca algo parecido, pese a haber afrontado otros desastres naturales.

Además, hoy fue recuperado el cuerpo del compatriota Enzo Cuomo, de 58 años, que se encontraba en el edificio Petunia, en Los Palos Grandes. Sin embargo, falta una mayor presencia de Caracas, que no logra coordinar los esfuerzos sobre el terreno. «Es el drama de una autoridad política formal con escasa legitimidad social», comenta el economista Benjamín Tripier en El Nacional. Así crece la brecha entre la élite política y el pueblo. Un fenómeno confirmado por la espontaneidad de las ayudas, que la gente quiere entregar directamente o a través de la Iglesia católica, que sigue siendo la única institución en la que la población aún confía.

«Aquí no se trata de juzgar, sino de hacer auditoría social —escucha social—, garantizando transparencia, como prevé la Constitución», explica a Avvenire el secretario general de los obispos venezolanos, José Antonio De Conçeição Ferreira. «La solidaridad no falta, pero hace falta organización, también de cara a los próximos meses», añadió.

Las tensiones también se manifiestan en las calles, en las protestas de ciudadanos y voluntarios contra las fuerzas del orden, incapaces de responder a las urgencias de la población. «Debían traer una pala o un pico, no fusiles», comentó el domingo un voluntario en Caraballeda. «Sus uniformes son para defender al país —prosiguió—. Y el país es esto, aquí, los escombros».

Para empeorar las cosas, algunos agentes han participado en robos y saqueos en las estructuras abandonadas. La crisis es tal que llevó a la presidenta interina, Delcy Rodríguez, a suspender las clases en todo el territorio nacional: «Todavía hay mucho temor». Y es cierto. También porque la tierra tiembla todos los días: solo ayer se registraron otros dos sismos, a las 7:01, en Caracas y Guarenas. Y, como si no bastara, el país hace frente a inundaciones en el estado Portuguesa, a causa de 114 milímetros de lluvia. En particular, en el municipio Guanare, ya golpeado por el sismo. «Solo en el municipio Monseñor José Vicente de Unda hay al menos 100 familias afectadas», informa Protección Civil.

La tormenta perfecta, en una nación que va de crisis en crisis. Lo sabe la líder opositora, María Corina Machado, que aprovecha la ocasión para anunciar su regreso a Caracas. «Es mi deber acompañar al pueblo —dijo durante una entrevista con Fox News—. Debemos estar juntos para abrazarnos, llorar y vivir juntos el luto, pero también para darnos fuerza en este momento difícil».

Fuentes estadounidenses tomaron de inmediato distancia del anuncio de la premio Nobel. Hasta el punto de que altos funcionarios de la administración Trump informaron a Bloomberg que el eventual regreso de Machado solo provocaría más tensión en Caracas, con el riesgo de choques con el gobierno de Rodríguez y, sobre todo, de desviar la atención de las operaciones de rescate.

Ya la semana pasada Estados Unidos había anulado otro intento de la líder de viajar a Venezuela a través de Curazao. Aquí, sin embargo, vale la imagen del dedo y la luna: allí donde las reivindicaciones de Machado son el reflejo de un malestar social más amplio. Que no debería ser ignorado.

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