31 de julio — Un asesor no oficial de la Administración Trump que ha desempeñado un papel destacado en la definición de la política estadounidense hacia Venezuela y en acuerdos multimillonarios para explotar los vastos recursos petroleros del país miembro de la OPEP declaró a Reuters que ya no está supervisando esa cartera.
En una función que funcionarios actuales y antiguos del Gobierno, así como fuentes empresariales de Estados Unidos y Venezuela, compararon con la de un virrey, el empresario radicado en Miami Mauricio Claver-Carone rendía cuentas al secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha encabezado la política hacia Venezuela.
Aunque no ocupaba ningún cargo formal en el Gobierno, se convirtió en uno de los actores más influyentes de la Administración Trump en relación con Venezuela desde la incursión estadounidense del 3 de enero que capturó al presidente Nicolás Maduro.
Claver-Carone afirmó que su salida fue voluntaria, aunque varias fuentes familiarizadas con el asunto sostienen que fue apartado en las últimas semanas.
Durante su etapa en esa función, ejerció una gran influencia sobre decisiones que, con el tiempo, podrían llegar a valer miles de millones de dólares, desde la reestructuración de la deuda hasta los acuerdos petroleros.
Maduro fue sustituido por la exvicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ha colaborado estrechamente con Claver-Carone y se ha mostrado más dispuesta a cumplir las exigencias estadounidenses de abrir el país a las empresas de Estados Unidos.
Las negociaciones entre bastidores de Claver-Carone, quien ejerció brevemente como enviado especial de Trump para América Latina al comienzo de su segundo mandato, constituyeron una parte importante del enfoque de la Administración Trump hacia la Venezuela posterior a Maduro. Estados Unidos ha asumido un papel dominante en la determinación del futuro del sector energético del país, al tiempo que se ha abstenido de presionar para lograr reformas políticas sustanciales o elecciones democráticas en un futuro próximo.
Claver-Carone fue clave para que la empresa estadounidense Centerview Partners obtuviera un contrato valorado en más de 150 millones de dólares, sin un proceso de licitación competitiva, para reestructurar unos 200.000 millones de dólares de deuda venezolana. También ayudó a organizar conversaciones entre el Gobierno venezolano y líderes de la oposición previstas para el 1 de agosto, e intervino en acuerdos petroleros, incluidos algunos casos en los que empresas recibieron negocios potencialmente lucrativos, según ocho fuentes.
«Al igual que durante el primer mandato y durante mi servicio el año pasado como enviado especial, fue un honor aportar asesoramiento y experiencia como ciudadano privado sobre Venezuela y cubrir las carencias iniciales […] para garantizar el éxito de la política del presidente Trump. Durante los últimos seis meses ya se ha formado un equipo interinstitucional, dirigido por el secretario Rubio, y se ha restablecido un equipo de la embajada, creado para aplicar plenamente la política del presidente», declaró Claver-Carone.
«Me he retirado del tema de Venezuela».
Consultado al respecto, el Departamento de Estado señaló que Claver-Carone no estaba siendo destituido de ningún cargo formal.
«El señor Claver-Carone es un experto con contactos en toda nuestra región y es un ciudadano privado que actualmente no ocupa ningún cargo oficial en la Administración Trump», afirmó un portavoz. «Cualquier insinuación de que está siendo obligado a abandonar un cargo formal es inexacta».
Aunque sus partidarios lo describían como un hábil operador capaz de impulsar la agenda de la Administración en un entorno geopolíticamente complejo, algunos aliados de Trump habían cuestionado si era la persona adecuada para supervisar la ofensiva, desarrollada con escasos controles, de empresas estadounidenses que buscaban adquirir activos venezolanos, dado que oficialmente era un ciudadano privado que dirigía un fondo de capital privado.
Claver-Carone afirmó que ni él ni su fondo tienen participación financiera alguna en Venezuela.
Su intervención autoritaria en los acuerdos empresariales en Caracas generó malestar dentro del Departamento de Estado y entre algunos inversionistas, según declararon a Reuters varias fuentes.
Entre quienes se habían mostrado molestos por su influencia estaba Richard Grenell, partidario de Trump, exembajador y anterior enviado especial para Venezuela, quien habló con Trump a comienzos de julio sobre la influencia de Claver-Carone en los negocios realizados en Caracas, según varias fuentes familiarizadas con el asunto.
Grenell no respondió a las solicitudes de comentarios. Un funcionario de la Administración negó que Claver-Carone hubiera «generado malestar en la Casa Blanca».
Algunos aliados de Trump y personas cercanas a la situación sostenían en privado que Claver-Carone mantenía una relación demasiado estrecha con ciertos operadores políticos venezolanos.
Uno de ellos era Alejandro Betancourt, uno de los empresarios más conocidos de Venezuela, quien amasó una fortuna mediante contratos relacionados con los sectores petrolero y eléctrico durante el Gobierno del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. Durante años también ha sido objeto de escrutinio e investigaciones relacionadas con corrupción y lavado de dinero en diversas jurisdicciones, incluido Estados Unidos, acusaciones que él ha negado.
Claver-Carone reconoció que tanto él como otras personas del Gobierno estadounidense habían utilizado a Betancourt como intermediario con el Gobierno de Rodríguez. Señaló que el empresario había resultado útil porque comprendía el negocio petrolero de ambos países y podía tender puentes entre las partes.
Ni Betancourt ni su abogado respondieron a las solicitudes de comentarios. El Departamento de Estado no abordó directamente la relación de Claver-Carone con el empresario.
Claver-Carone, cubanoestadounidense del sur de Florida, con un historial de oposición al Gobierno comunista de La Habana y aliado de Rubio desde hace muchos años, presidió el Banco Interamericano de Desarrollo durante la primera Administración Trump, antes de ser destituido por conducta indebida.
Durante la primera Administración Trump fue uno de los arquitectos de la política estadounidense hacia Venezuela, incluido el impulso de sanciones contra el país en 2019. También contribuyó a diseñar la reversión del acercamiento a Cuba promovido por el predecesor de Trump, Barack Obama. Ejerció brevemente como enviado especial para América Latina durante la segunda Administración Trump, antes de crear su propio fondo de capital privado.


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