Caracas aplaza la negociación entre el Gobierno y la oposición, pero el resultado ya está escrito (por Trump)

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Por Estefano Tamburrini, Municipio Libertador (Caracas)

El calendario de las negociaciones se retrasa por la renuncia del superasesor de Washington y artífice de la iniciativa, Claver-Carone. Polémica por la falta de transparencia.

El guion ya se escribió en Madrid —donde tuvieron lugar las conversaciones preliminares—, siguiendo las instrucciones de Washington. Caracas solo tiene que interpretar su papel: la oposición y el Gobierno están llamados a suscribir un acuerdo de cuatro puntos que contempla la renovación de los poderes públicos, la liberación de los presos políticos, la rehabilitación de los partidos y de sus dirigentes y la convocatoria de elecciones transparentes, de modo que ninguna de las partes pueda volver a cuestionar la eventual victoria de la otra, como ya ocurrió en el pasado.

No hay ninguna referencia a la cuestión social, agravada por el terremoto del 24 de junio, pero nadie ha protestado: la economía, como es sabido, fue puesta de antemano bajo la tutela de la Casa Blanca.

Solo falta la firma de los delegados, pero el director del guion, el «zar» Mauricio Claver-Carone, abandonó su obra pocas horas antes de su puesta en escena. Este superasesor estadounidense, que no contaba con un mandato formal, afirma haber renunciado al cargo, mientras que, según otras fuentes, el Departamento de Estado lo apartó de los asuntos relacionados con Caracas.

Ahora todo queda en manos del secretario de Estado, Marco Rubio, quien deberá encontrar en tiempo récord a otra persona a la que confiar el expediente. Por ello, se retrasa el calendario de las conversaciones, mantenidas bajo el máximo secreto, entre el Gobierno y la oposición.

La delegación opositora, integrada en su totalidad por antiguos diputados de la legislatura 2015-2020 —la última reconocida por Estados Unidos—, llega a su propio país con un permiso de diez días concedido por las autoridades estadounidenses. De este modo, los aciertos y los defectos del diálogo recaen sobre los hombros de Washington, cuya participación —según la enviada especial Dinorah Figuera— será «fundamental» para conseguir «avances concretos».

El propio Congreso de Estados Unidos, en una nota oficial, celebra las conversaciones como «una oportunidad importante para garantizar un futuro estable y democrático» a la nación sudamericana.

Sin embargo, la población ya no confía en la Administración Trump, cuyo índice de aprobación entre los venezolanos se ha desplomado al menos treinta puntos durante los últimos seis meses, al pasar del 92,2 % a poco más del 47 %.

«Si este intento fracasa, el peso de las críticas recaerá por completo sobre los hombros de Trump», comenta la analista Ana Julia Jatar-Hausmann. Explica que, desde el día de la captura de Nicolás Maduro, «el centro del poder se ha trasladado de Miraflores a Washington, que debería velar por la transparencia con la que se desarrollan los acontecimientos».

Y es precisamente la transparencia la gran ausente en la gestión de Claver-Carone, acusado de haber incorporado a su equipo al oligarca Alejandro Betancourt, investigado anteriormente por un desfalco de 12.000 millones de dólares. Para justificar esta decisión ante Reuters, afirmó: «Conoce bien el negocio del petróleo en Estados Unidos y Venezuela».

Las sombras se extienden sobre todo el sistema de tutela estadounidense en Caracas. El Congreso de Estados Unidos ya ha abierto una investigación federal, a través de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno, sobre los más de 13.000 millones de dólares de ingresos procedentes de las exportaciones de petróleo —depositados en cuentas de Citibank—, de los cuales la Administración de Delcy Rodríguez habría recibido únicamente una parte mínima.

También está bajo investigación la apertura en Caracas de una oficina de la empresa de cabildeo Ballard Partners, cercana al propio Trump. Su presencia tendría como objetivo proteger los intereses del magnate en la reconstrucción posterior al terremoto.

Crece, por tanto, el descontento entre la población, golpeada por el terremoto y obligada a sobrevivir entre prolongados apagones y la escasez de servicios esenciales. Incluso los chavistas de la primera hora dicen «sí» a la transición, pero sin injerencias de Estados Unidos.

Y la ironía del destino los acerca a María Corina Machado, quien, excluida de las conversaciones, organiza concentraciones contra Estados Unidos frente al hotel Marriott de Caracas, donde se alojan ahora los estadounidenses.




 

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