Pacto criminal – Por General (r) Juan Carlos Buitrago Arias

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SÁBADO / DOMINGO, JUNIO 27-28 DE 2026
El Nuevo Siglo

La evidencia disponible resulta contundente y permite reafirmar una advertencia formulada de manera reiterada: la denominada Paz Total no habría sido, en sus efectos prácticos, una política genuina de negociación y sometimiento del crimen, sino la expresión de un grave pacto político y criminal entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y estructuras armadas ilegales.

Las grabaciones develadas por el periodista Ricardo Calderón, que comprometen al excomisionado de paz, Danilo Rueda, y a alias “Jerónimo”, cabecilla del Clan del Golfo, son escalofriantes. Su contenido causa indignación y constituye un antecedente oscuro de los acuerdos que, desde 2022, habrían debilitado la autoridad del Estado frente al crimen organizado. Resulta muy grave que el representante del Gobierno hubiera ofrecido “jugar a los congelados” para detener operaciones, retirar tropas, anular capacidades de inteligencia y levantar órdenes de captura.

Este patrón, lejos de parecer un hecho aislado, encuentra eco en otros episodios inverosímiles y conocidos posteriormente. Por ejemplo, Danilo Rueda debe aclarar a la justicia, si el plan pistola del Clan del Golfo que asesinó a 30 policías durante los dos primeros meses de este gobierno, fueron resultado de una estrategia convenida con el grupo criminal, para abonar el inicio de las negociaciones. También las actuaciones del exdirector de la DNI, Jorge Lemus; las filtraciones de inteligencia a alias Calarcá; y la alianza criminal con los presos de Itagüí.

Lo conocido hasta ahora, parece ser apenas la punta del iceberg. El país debe prepararse para comprender la magnitud de este pacto criminal durante los cuatro años entre el Gobierno y las organizaciones criminales, porque el resultado, no podría ser otro: un escenario de seguridad profundamente deteriorado, un atolladero institucional del que Colombia espera comenzar a salir a partir del 7 de agosto.

El crecimiento y la expansión de los grupos al margen de la ley, sin excepción alguna, fue del 53% según los mismos reportes del Gobierno. Aumentaron en 27 mil integrantes en armas y la influencia en más de 376 municipios. Con una cifra histórica de cultivos ilícitos, 230 mil hectáreas y una producción de cocaína de 2.600 toneladas, que alcanza los 16 mil millones de USD en el mercado, según un estudio de Eafit. Sumado al incremento de la tasa de homicidios de 26,2 en 2022 a 28 en 2025, acudiendo solo a algunos indicadores.

No son ciertos los extensos e infundados argumentos esbozados por el presidente Petro y sus exfuncionarios, eludiendo la contundencia de las grabaciones. Muchos somos testigos de excepción, y el exdirector general de la Policía, el general (r) Henry Sanabria, lo ha confirmado públicamente. Los más destacados oficiales generales y coroneles de la Policía Nacional, que arriesgaron sus vidas en innumerables operaciones altamente riesgosas contra el terrorismo, el Clan del Golfo y el narcotráfico, fueron objeto, en el primer año de este Gobierno, de persecución y de una perversa y desmedida “limpieza de inteligencia”, tal como se le ofreció el excomisionado Rueda a alias Jerónimo, cabecilla del Clan del Golfo.

Es falso que estos oficiales estuvieran involucrados en casos de corrupción o violaciones de los derechos humanos. Por el contrario, eran los mejores en sus promociones, entrenados y sometidos a las pruebas de confiabilidad y de certificaciones más estrictas, requeridas por Estados Unidos y Europa. Durante casi tres décadas, hicieron parte de unidades de élite, que exigían el “vetting” del Gobierno estadounidense para dirigir las operaciones más sensibles y exitosas de la fuerza pública en nuestro territorio, dado el uso de recursos, equipamientos e información de las agencias federales.

Estos cuatro años de pacto criminal entre el gobierno del Pacto Histórico y las organizaciones del terrorismo y el narcotráfico en Colombia quedarán marcados como el periodo más corrupto y nefasto en la historia contemporánea de la nación; el que causó graves e irremediables secuelas en la construcción de la paz y en las condiciones de seguridad; el que nos aisló del mundo. Un Gobierno que no operó cada día como una asociación criminal y que entrega ahora, tamaño desafío a los arquitectos que prometieron la reconstrucción del país: la Patria Milagro.





 

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