Este sitio tiene, sin lugar a dudas, la mayor colección de investigaciones sobre las actividades criminales de Alejandro Betancourt. Lo que comenzó en 2011, 2012 se ha convertido, probablemente, en uno de los casos de corrupción desenfrenada mejor documentados jamás publicados en cualquier idioma. Se ha obtenido, recopilado, catalogado y publicado información de inteligencia utilizable para dibujar una imagen inequívoca que revela el tipo de corrupción que lleva a las naciones a la bancarrota. Las autoridades de las jurisdicciones pertinentes han recibido la información. Estados Unidos solía ser prácticamente el único país del mundo dispuesto a investigar delitos transnacionales relacionados con PDVSA. Pero Donald Trump ganó por segunda vez, y podemos ver fácilmente por qué Betancourt ha sido elegido como su hombre para Venezuela. No hay nadie más adecuado, ni siquiera Alex Saab o Francisco D’Agostino. Podemos imaginar el tipo de conversaciones que alguien como Jared Kushner podría mantener con Betancourt. Ya contamos el tipo de acuerdos urdidos entre Mauricio Claver-Carone y Betancourt, a los que Rudy Giuliani se refirió en su día como un «asunto de seguridad nacional» (para EE. UU., claro está). Betancourt ganó. En todas partes. Ya es hora de que la gente que no conoce su historia, y mucho menos tiene idea de cómo prosperan especímenes así en Caracas y Washington, lo supere. Donald Trump manda. Esa es toda la explicación que hace falta.
Posdata: nuestro antiguo editor se puso en contacto para añadir que, a fecha de publicación, Betancourt sigue vinculado a una entidad sancionada por el Departamento del Tesoro de EE. UU., lo que significa que el hombre elegido por Trump como zar del petróleo venezolano es alguien a quien su propio Gobierno mantiene bajo sanciones. En segundo lugar, Betancourt no fue elegido mediante un proceso de licitación abierto, público, competitivo y transparente. ¡Muy propio de Betancourt! El matón no puede aportar a la mesa otra cosa que corrupción, y precisamente por eso fue elegido: no tiene el historial ni la capacidad de Chevron, Repsol o Conoco; tampoco se le necesita como intermediario especial ni para establecer canales de comunicación extraoficiales con matones chavistas (eso ya lo hizo su antiguo socio y compañero de golf de Trump, Harry Sargeant). Lo que hizo Trump fue rehabilitar a Betancourt para aquello para lo que está mejor preparado: la corrupción.
Fuentes de inteligencia que comentaron con nosotros la nueva oportunidad de Betancourt pese a los procesos penales existentes dijeron que Betancourt y Trump/Kushner forman una pareja hecha en el cielo. El intermediario perfecto para distribuir riqueza nueva y obtenida ilícitamente, manteniéndola bien lejos del alcance de las autoridades actuales o futuras. Betancourt se ha codeado con los mejores, desde Epstein hasta Claude Dauphin y el hombre de confianza de Nikolái Pátrushev. Trump no podría haber elegido un socio mejor. El mundo sencillamente no está preparado para lidiar con el tipo de criminalidad que Bill Barr, Pam Bondi y Todd Blanche han estado protegiendo.


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