El talón de Aquiles – General (r) Juan Carlos Buitrago Arias

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Latinoamérica se mueve con furia. El péndulo volvió a girar. La derecha con la elección de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia, domina el poder y la izquierda paga con creces el precio de sus fracasos. El continente respira aire nuevo, pero hay profunda incertidumbre, a los Mandatarios no les va del todo bien.

Miremos el mapa. En Chile, el presidente Kast enfrenta serias dificultades sin resultados concretos. Aumenta el desempleo y las dificultades económicas, el impacto del precio de los combustibles y la temprana salida de su primera ministra de Seguridad, erosionando el impulso de su gobierno. No se visualizan cambios estructurales en seguridad y empleo, por lo que su imagen cae.

En Argentina, el presidente Milei llegó con “motosierra”. Devaluación del 54%, corte de subsidios, recorte de 13 ministerios, frenó la emisión. Contra todo pronóstico logró superávit fiscal. Su fortaleza ha sido la seguridad y el control de la hiperinflación que devoraba a los argentinos. Se sostiene con una aprobación entre 45% y 55%.

En Ecuador, Noboa asumió un país tomado por el crimen y la violencia. Declaró el “conflicto armado interno”, le funcionó y logró la reelección alcanzando el 81.4% de favorabilidad, pero las expectativas se desvanecen y la criminalidad crece.

En Bolivia, el presidente Paz se posesionó sobre un país quebrado, sin dólares, sin gasolina, sin expectativas. A los 100 días dijo: “Este barco estaba prácticamente hundido; hoy está flotando y estabilizado”. Eliminó subsidios, estabilizó el dólar, recuperó confianza internacional. En seguridad enfrentó el contrabando y el crimen sin resultados determinantes. Empezó con 80% de aprobación, hoy está en 38%. Lo desgastan los bloqueos que no ha podido levantar, promesas incumplidas y la percepción de falta de carácter.

Recordemos a Brasil. Bolsonaro le apostó a liberar el porte armas, las privatizaciones y la reforma pensional. El entusiasmo no le alcanzó para vencer la desconfianza y su gestión fue gélida. Permitió el regreso de la izquierda al poder.

Y aquí Colombia. El talón de Aquiles del nuevo gobierno es múltiple. El primero es la inseguridad nacional y la seguridad personal del presidente electo. Su política es clara, de confrontación total a los violentos y sin diálogo. Esto lo convierte en el objetivo número uno de los terroristas. El riesgo es inminente y permanente y será mayor si despacha desde Barranquilla y las regiones. Como ha ocurrido en todos los inicios de periodos presidenciales, la violencia se intensificará, pero ahora de manera ostensible. No hay duda.

El segundo es la gobernabilidad. Buscan desgastarlo y deslegitimarlo. El portavoz ha sido el presidente Petro, que aún desconoce su elección. La directora de Implementación del Acuerdo de Paz lo denunció por “hostigamiento agravado, injuria e instigación a delinquir”. El senador Iván Cepeda lo denunció ante Fiscalía y Corte Penal Internacional por “concierto para delinquir, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito”. La oposición lo llama “el mayor enemigo de la paz” y anuncia “desobediencia civil”, “gabinete alternativo” y protestas para “generalizar el caos” y desestabilizar la institucionalidad, mediante la “combinación de formas de lucha” privilegiando el terrorismo.

Vienen por todo y la democracia está en peligro. El talón de Aquiles de Abelardo de la Espriella será su capacidad de mantenerse de pie, sin exponer su talón, mientras el crimen y la oposición complotan para que caiga. Necesitará la más efectiva inteligencia de los organismos de seguridad para prevenir y anticiparse, no solo para reaccionar. Necesitará el uso legítimo y ponderado de la fuerza, sin excesos indebidos, que le den trofeos al adversario. Necesitará, el carácter y la firmeza que ya ha demostrado, junto a un Gabinete, fuerzas políticas, económicas y sociales aliadas y gobiernos extranjeros, cohesionados, para sobreponerse, fortalecerse y no ceder al chantaje.

Las amenazas son inminentes. Los desafíos no dan tregua, entre ellos la crisis energética. Si logra blindar ese talón, si convierte la vulnerabilidad en fortaleza, podremos avanzar en la construcción de la “patria milagro”. Si no lo logra, el péndulo que hoy favorece a la derecha en la región puede devolverse con la misma fuerza con la que llegó.




 

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