El presidente Donald Trump anunció el pasado 28 de agosto lo que llamó «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial»: un pacto con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez que, según dijo, otorga a EEUU el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de Venezuela. Esto representa alrededor de una quinta parte de las reservas totales del país sudamericano y según el mandatario la explotación de tales recursos, con un convenio a largo plazo, se hará mediante una alianza con el sector privado de EEUU.
Dos expertos, uno en temas petroleros y otro en la relación actual entre Caracas y Washington, confirmaron a DIARIO DE CUBA que uno de los artífices principales de este convenio, corroborado por la presidente interina Delcy Rodríguez desde Venezuela, es el empresario Alejandro Betancourt, quien reapareció en 2026 en el centro de la política energética venezolana tras la captura y extracción de Nicolás Maduro por parte de tropas estadounidenses.
Betancourt, de 46 años, no es un extraño llegado de afuera, es un operador con contactos dentro del chavismo de larga data. Ya había hecho fortuna con el Estado venezolano (en los años de la presidencia de Hugo Chávez) cuando el país, literalmente, se apagaba. Su nombre ya encabezó titulares en medio de la crisis eléctrica de 2010-2011, la misma que se ha hecho crónica con picos de agudización como el que se padece en estos días en distintos lugares del país.
Diversos medios como El País de España, La Nación de Argentina, la agencia Bloomberg o The Washington Post, lo sitúan hoy como intermediario entre Delcy Rodríguez y la Administración Trump, accionista dominante de la segunda petrolera privada del país, solo por debajo de la poderosa Chevron. Sobre su figura pesan pesquisas por blanqueo y fraude en Europa.
Dentro de Venezuela su nombre ha pasado ser relevante. Diversos portales, y especialmente El Pitazo, han recordado que los mismos contratos millonarios firmados por Betancourt y sus socios, que no frenaron el colapso eléctrico, se transformaron hoy en convenios petroleros en los que se destaca el nombre de este hombre, y no es para menos que enciendan las luces de alerta.
El País lo describe como uno de los «bolichicos»: jóvenes que, sin trayectoria previa en el sector, obtuvieron contratos públicos multimillonarios durante el chavismo. Antes de cumplir 30 años fundó Derwick Associates. Según el diario madrileño y La Nación de Buenos Aires, la empresa consiguió al menos 11 contratos sin licitación, valorados en unos 5.000 millones de dólares, para construir plantas termoeléctricas en la emergencia decretada por Hugo Chávez. La ONG Transparencia Venezuela, en su momento, estimó sobreprecios cercanos a 2.900 millones de dólares. Varias de esas plantas resultaron ser chatarra y nunca funcionaron.
De 22 unidades instaladas, solo cuatro están funcionando. Eso en sí haría que el nombre de Alejandro Betancourt esté en boca de los venezolanos en días con apagones de hasta 12 horas al día en diversos puntos de Venezuela.
A partir de 2010 su rastro se difuminó en Venezuela y reapareció en España, donde se casó, compró propiedades e invirtió en la marca de gafas Hawkers y en startups. Más tarde controló o participó en operaciones petroleras: Petrozamora, un esquema con inversionistas rusos en el lago de Maracaibo, y North American Blue Energy Partners (NABEP), que Bloomberg y La Nación sitúan como la segunda productora privada de crudo, con unos 200.000 barriles diarios en Maracaibo y la Faja del Orinoco. Esas mismas fuentes sostienen que adquirió la participación minoritaria de Harry Sargeant III por 300 millones de dólares, en un contexto de presión del Tesoro estadounidense sobre el amigo y donante de la campaña de Donald Trump.
Las investigaciones no se detuvieron. El País detalla que la Audiencia Nacional española reabrió en junio de 2026 una causa archivada: se le atribuye, junto a socios, haber sobornado a tres funcionarios de PDVSA con 42 millones de dólares para defraudar 4.850 millones en operaciones de cambio de divisas canalizadas a través del petróleo. Ese dinero, sostiene la pesquisa española, habría terminado en sociedades, inversiones e inmuebles de alto valor en España. El expediente deriva de una investigación suiza por blanqueo.
En mayo de 2026 Zúrich levantó las restricciones. The Gentleman’s Journal añade el dato de dos residencias londinenses valoradas en 59 millones de libras y su nombramiento como caballero de la Orden del Camino de Santiago en 2024. En Venezuela, recalca El País, las denuncias en su contra no se tradujeron en imputaciones formales.
The Washington Post, en un reportaje del 27 de agosto de 2026, fue más lejos al asegurar que altos funcionarios de la Administración Trump intervinieron en la investigación penal suiza. Los funcionarios habrían presionado para resolver el caso de modo que se evitaran cargos penales y se levantaran las restricciones de viaje. Para EEUU era importante que Betancourt pudiera viajar libremente y preferible que el asunto se cerrara sin sanciones penales.
Esto debe leerse en el contexto de este 2026. Según el mismo diario, semanas después de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Washington lo reclutó como intermediario para afirmar control sobre el Gobierno y la industria petrolera venezolanos. Mauricio Claver-Carone, ex emisario informal de Washington para Venezuela, dijo a la agencia Reuters que él y otros funcionarios usaron a Betancourt porque entendía el negocio petrolero en ambos países, tanto en Venezuela como en EEUU y que podía tender puentes con el Gobierno de Delcy Rodríguez.
De acuerdo con El País, Alejandro Betancourt asesora a Delcy Rodríguez en la reactivación petrolera, la minería y la reestructuración de deuda, tres temas sensibles para la Administración Trump. Es un operador en las sombras, ya que no ha aparecido en ningún acto público pese a que los medios internacionales sostienen que organiza reuniones y banquetes.
Bloomberg lo presenta como quien ayuda a canalizar oportunidades hacia operadores estadounidenses más pequeños mientras las grandes petroleras estadounidenses aún dudan, por no tener seguridades sobre si los Rodríguez respetaran sus inversiones en el largo plazo.
Justamente el anuncio de Trump de este viernes, según observadores, busca darle un piso de legitimidad jurídica a las grandes petroleras al sostener que el petróleo venezolano pasa a ser administrado formalmente por EEUU, tal como ocurría antes de la nacionalización de 1976, según ha recordado el periodista Tony Frangie, en Caracas.
Su nivel de proximidad con el poder actual en Miraflores, según The Washington Post, es tan cercano que Betancourt habría sostenido una llamada muy personal, «de contención emocional» con Delcy Rodríguez la madrugada del 3 de enero de este año, cuando Maduro y su esposa Cilia Flores eran llevado ante la Justicia de EEUU.


COMMENTS