Mi historia no es ficción: El abuso de mi verdad en nombre de la literatura

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Los años han pasado, y la señora María Elena Lavaud continúa lucrándose con una historia que no le pertenece. Una historia que, según ella, nació como inspiración por los múltiples casos de violencia basada en género. Pero no es una historia cualquiera: es mi historia. Una historia que viví, que sufrí, y que decidí compartir con un objetivo claro: dar voz a las que ya no podían hablar, y demostrar que sí es posible romper con ese ciclo de violencia.

 

Cuando le pedí a Lavaud que escribiera mi historia, fue con la intención de generar conciencia, no de alimentar su carrera. En aquel entonces, ella no sabía absolutamente nada del tema. Ni estadísticas, ni casos, ni experiencias cercanas. Yo, por el contrario, ya era activista, vicepresidenta del Comité Ejecutivo de Amnistía Internacional, y vocera de campañas nacionales sobre la violencia de género.

El libro se tituló «Tatuaje de lágrimas» porque, cuando renací, me tatué una mariposa monarca, símbolo de transformación y libertad. El personaje de la novela se llamaría “Clarissa”, que significa la que da luz. Ese siempre fue mi propósito: dar luz a mujeres y adolescentes que aún viven atrapadas en ese flagelo.

Meses después, me enteré de un conversatorio en la biblioteca Herrera Luque, en la Plaza Los Palos Grandes. En el panel se encontraba quien había fungido como “tutor” y revisor de la novela. Escuchar cómo hablaban de mi historia, sin conocerme, llenos de errores y tergiversaciones, fue profundamente indignante.

Cuando llegó la ronda de preguntas, levanté la mano y pregunté por qué habían revictimizado a Clarissa. Su respuesta fue tan cínica como fría: «Se hizo una tergiversación literaria con fines comerciales». Entonces le respondí con calma, pero con firmeza: “Belén Vallenilla soy yo”.

Me invitaron a subir al podio. No lo hice. Desde donde estaba, en medio del estupor, respondí amablemente cada una de las preguntas del público. Lo hice por respeto a mi historia, a las mujeres que represento y a la causa que defiendo.

Hoy, años después, sigo viendo cómo María Elena Lavaud se beneficia económica y mediáticamente de una historia que nunca le perteneció. Y lo más doloroso: lo ha hecho sin ética, sin empatía y sin responsabilidad.

Una historia que continuará en nuestros podcasts

Precisamente, esta es una de las historias que abordaremos en la segunda temporada de nuestro podcast DETRÁS DEL CRIMEN:
🎧 Escucha aquí el episodio

Llevamos años denunciando a personajes peligrosos, enfrentando amenazas y campañas de intimidación. Pero no nos han detenido. Nuestra misión sigue intacta: informar, denunciar con pruebas irrefutables y luchar por la justicia.

La historia se repite, la revictimización también

Belén Vallenilla ha sido victimizada y revictimizada, una y otra vez. En este caso, además, con una triste ironía: su dolor ha servido de trampolín para la fama de María Elena Lavaud. Tal vez, la señora Lavaud debería escribir una segunda novela, esta vez basada en su propia historia… si alguna vez ha vivido algo remotamente parecido.

El linaje de Belén y su evolución admirable

Belén desciende de una familia verdaderamente noble. Su bisabuelo fue Don Pedro Elías Gutiérrez, creador de la música del “Alma Llanera”, himno sentimental del pueblo venezolano. Hoy, su evolución personal es igualmente digna de admiración: una mujer que ha transformado el dolor en fuerza, y el silencio en voz.

Seguiremos destapando verdades. Como la historia del empresario Carlos Martín Rodríguez Ledezma, conocido como “el monstruo de La Lucha”, agresor sexual, maltratador de mujeres y un peligro público:
📄 Lee el reportaje completo

No diremos más… por ahora. Pero tengan la certeza de que Carlos Martín Rodríguez Ledezma no se nos escapará.




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