El martes 22 de septiembre, María Corina Machado habría intentado pisar territorio venezolano. No una, ni dos, sino cuatro veces. Y las cuatro veces chocó de frente contra una frontera infranqueable. La Premio Nobel de la Paz 2025 ha descubierto por las malas que una medalla internacional no es un pasaporte mágico para vulnerar el cerco venezolano. Sin embargo, más allá de la humillación logística que suponen estos cuatro rebotes, lo verdaderamente alarmante es el trasfondo que parece esconder su insistente y apresurado retorno.
Mientras Venezuela se asfixia en la oscuridad de una crisis eléctrica agobiante, todo apunta a que la líder opositora busca utilizar los apagones como su principal moneda de cambio. Su estrategia parece sacada de un manual de chantaje político: presentarse ante el país como la «salvadora» que traerá la luz, cuando en realidad parece regresar a Venezuela a entregarle las llaves de la soberanía energética a intereses y corporaciones extranjeras a cambio de asegurar su llegada al Palacio de Miraflores.
¿Patriota o diplomática extranjera? El misterio del pasaporte
La retórica de la «venezolana hasta el final» empieza a desdibujarse cuando se revisan sus documentos de viaje. Para esta accidentada incursión caribeña, Machado parece haber dejado en casa su identidad venezolana. Hoy se desplaza blindada, haciendo uso de un pasaporte diplomático panameño. El gobierno de Panamá, presidido por José Raúl Mulino parece haberle otorgado un estatus de funcionaria intocable, una maniobra que levanta serias dudas sobre a qué intereses responde realmente su agenda.
El plan de este martes incluyó un costoso vuelo privado a bordo de un avión turbohélice (matrícula HP-4DMB), despegando desde Albrook, Panamá, con destino a Curazao, a un tiro de piedra de las costas venezolanas. El vuelo fue abortado y la comitiva devuelta. Pero basta con mirar quiénes ocupaban los asientos junto a ella para entender que este no era un simple viaje de retorno, sino que daba toda la impresión de ser una gira de negocios corporativos.
El séquito del aire: Lobistas, barcos y el presunto negocio de la luz
Quienes acompañaban a Machado en este frustrado tour no eran precisamente líderes sociales ni ingenieros venezolanos. La tripulación sugiere que su proyecto político está profundamente atado a agendas foráneas. Estos son los rostros detrás de la operación:
- El enlace eléctrico: Ferdelin Bonilla Bonilla. Alto asesor del gobierno panameño, particularmente de la cancillería, y directivo de la estatal EGESA (Empresa de Generación de Energía Eléctrica). ¿Qué hace un peso pesado del sector energético extranjero escoltando a María Corina? Su presencia a bordo levanta enormes sospechas. Todo sugiere que Bonilla podría ser la garantía de un futuro acuerdo, dejando entrever que, de llegar al poder, el asediado sector eléctrico venezolano terminaría administrado por sus aliados internacionales.
- El agente en Washington: Rafael Alejandro Alfonzo Silva. Un conocido lobista registrado formalmente en Estados Unidos, que viaja utilizando pasaporte italiano. Su rol en la cabina parece obvio: mantener la línea caliente con el Congreso de EE.UU. y el Departamento de Estado. Es la pieza que asegura que los intereses norteamericanos se mantengan sobre la mesa de negociación.
- El comodín del Plan B marítimo: Esteban Fraga León. Un empresario naviero con pasaporte español, cuyo nombre figura en complejos litigios con buques comerciales en los tribunales venezolanos. Dado que Curazao está a escasos kilómetros de Falcón, la estrategia parecía evidente: ante la imposibilidad de entrar por aire, Fraga era presumiblemente el encargado de la logística para un ingreso furtivo por mar a bordo de una lancha rápida.
Cuatro intentos fallidos después, el mensaje que deja esta jornada es sombrío. La cruzada épica para solucionar la crisis eléctrica nacional, vista de cerca, se parece demasiado a una operación de subasta a puerta cerrada que, irónicamente, se ha quedado sin pista de aterrizaje.
Los hilos invisibles en Washington: El contrato que mueve la cruzada de Machado
Los cuatro fracasos fronterizos que dejaron a María Corina Machado varada en el Caribe no fueron un tropiezo improvisado. Lejos de las costas de Falcón y del asfalto de Albrook, el verdadero cerebro de esta travesía parece operar desde una cómoda oficina en la avenida Vermont, en pleno corazón político de Washington D.C. Allí, la maquinaria del cabildeo estadounidense ha estado aceitando los engranajes de un proyecto que, cada vez más, se parece a un asalto corporativo tutelado desde el exterior.
La firma detrás de la operación de cabildeo a favor de Machado Washington es RP&B Consulting, encabezada por el propio Rafael Alejandro Alfonzo Silva —el mismo compañero de cabina que viajaba con pasaporte italiano en el vuelo abortado a Curazao—. No se trata de un simple asesor de imagen: Alfonzo es el emisario legalmente comisionado para alinear la estrategia de Machado con los intereses de seguridad nacional y energía del gobierno estadounidense.
La fábula del cabildeo «gratis»: ¿Quién pagará la factura?
En el despiadado ecosistema de Washington, una máxima rige cada pasillo: nadie trabaja gratis. Sin embargo, el acuerdo formal entre Machado y RP&B Consulting se presenta bajo la fachada de un generoso servicio pro bono. Ni sueldos, ni honorarios, ni retribuciones declaradas por un año de trabajo estratégico al más alto nivel.
Esta aparente caridad profesional levanta inevitables sospechas y deja en el aire preguntas incómodas: ¿qué bufete de relaciones públicas invierte tiempo, contactos y recursos en influir sobre congresistas, agencias federales y think tanks por mero altruismo? En el tablero geopolítico, todo apunta a que la contraprestación no se cobra en transferencias bancarias inmediatas, sino en pagarés a futuro. El compromiso de alinear las políticas de «reconstrucción y seguridad energética» parece la antesala perfecta para que, en caso de consumarse un cambio de mando en Caracas, sean precisamente estos actores y sus clientes corporativos quienes se sienten a repartir el pastel de las privatizaciones en el sector eléctrico y petrolero venezolano.
El resultado es un peligroso empantanamiento. Mientras el pueblo venezolano soporta apagones de doce y dieciséis horas continuas, sus líderes de lado y lado parecen empeñados en dirimir el futuro nacional en un mercado persa de cabilderos y operadores foráneos.






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