Karelia denunció que fue víctima de violencia sexual por parte de dos amigos, a quienes conoció en la UCV. Durante 26 años guardó silencio y actualmente, con el apoyo de sus hijos y esposo, decidió contarlo. Uno de los acusados a través de redes sociales negó el hecho y aseguró que se trata de una difamación.
Caracas. “Yo no tengo nada que perder, lo que tenía que perder ya lo perdí, no puedo recuperar mi vida ni los años de silencio”.
26 años después Karelia Espinoza publicó un tuit, a través de la red social X (antes Twitter), en el que contó que fue víctima de abuso sexual por parte de dos amigos, mientras cursaba la carrera de Estudios Políticos y Administrativos en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Recientemente se hizo público el caso de violación múltiple a una estudiante en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, por siete hombres de una fraternidad. Esta situación motivó a Karelia a hablar públicamente.
“A la mujer que denunció la están juzgando y la gente no va al contexto. Era su carrera universitaria, ella tuvo que dejar los estudios, convivir con sus violadores no debe ser fácil. Eso me hizo sentir tan identificada, yo intenté hablar pero ellos respondieron con rumores y hablando de mi vida sexual, diciendo que habíamos hecho un trío”,
contó a Crónica Uno.
Luego de confesarle a sus hijos, de 17 y 15 años de edad, se sintió segura de hacerlo público al contar con el apoyo de su familia. Su esposo sabía sobre lo sucedido desde el 2001, cuando comenzaron su noviazgo.
“Mi hija lloró a mares”, agregó. Y les pidió a ambos que no buscaran información en internet, si tenían alguna pregunta, o duda, ella estaría dispuesta a responderles.
Los hechos
Aquella noche de marzo del 2000 Karelia planificó una fiesta con todos sus compañeros. Sin embargo, surgió otra reunión y nadie llegó a su casa. Ya estaba en pijama, dispuesta a cenar y pasar la noche frente al televisor, cuando tocó el timbre Nicmer Evans, un amigo que conoció en la universidad y quien recién terminaba su carrera.
Recordó que cenaron arroz con carne molida, que sobró del almuerzo, y luego se pusieron a tomar el licor de una botella que estaba en el bar de la casa. No era la primera vez que compartían.
“Cuando llegó José Luis González (otro amigo) ya yo me iba de lado, bajé a abrirle y me tenían que agarrar”, contó Karelia, quien actualmente tiene 47 años de edad y vive fuera de Venezuela.
Su último recuerdo, en compañía de sus dos amigos, fue cuando dijo que tenía calor y se quitó el suéter verde que cubría su pijama. La mañana siguiente despertó sin ropa, entre ambos, y con ganas de vomitar como por la resaca.
En shock bajó a abrirle la puerta a los dos. Desde entonces su vida cambió y los últimos dos años de carrera los describió como una pesadilla.
“Yo no merecía esto, si ellos hubiesen sido mis amigos me acostaban a dormir, es injusto que a mí me juzguen porque estaba borracha. Mis amigos hubiesen estado borrachos e inconscientes y yo les quito los zapatos y los acuesto a dormir en el mueble”.
El silencio doloroso
Karelia se alejó de todos sus amigos, dejó de asistir a reuniones y a las actividades políticas universitarias. Su promedio disminuyó, no dormía ni comía.
“Recuerdo que tuve que suplicarle a un profesor para no perder la materia por inasistencias. Todos me decían que me había puesto flaca, pero nadie sabía realmente lo que había detrás”.
Un año antes de lo sucedido, en 1999, falleció su abuelo. Y este fue uno de los motivos por los que Karelia guardó silencio sobre el abuso sexual. Pensó en su familia, sobre todo sus tías abuelas.
“Creía que las iba a matar de un infarto porque eso iba a ser un escándalo y mi familia estaba en duelo, entonces me callé. Cuando ellas murieron yo vivía fuera de Venezuela, no pude despedirlas, y mis hijos ya eran pequeños, eso también me llevó a pensar cómo iba a manejarlo”.
No solo bajó su rendimiento académico. Su vida universitaria activa la abandonó y sus aspiraciones políticas quedaron a un lado. “Esto afectó toda mi vida”.
En 2021 le confesó a un grupo de amigos de su promoción. Para entonces se registraba una ola de denuncias en Venezuela, a través de redes sociales, de mujeres que contaban episodios de abuso sexual o acoso. El movimiento Yo te Creo estaba inspirado en la campaña Me Too, que se originó en Estados Unidos, también para denunciar hechos de violencia basada en género.
“En la universidad estaba muy sola y no tenía a dónde ir. Hice terapia pero no conté lo que me pasó, era solo para tratar las consecuencias de la soledad y la depresión. Sabía que si contaba algo iban a obligarme a denunciar o la psicóloga iba a denunciar y ya para mí era suficiente con calarme la vergüenza de los chismes en la universidad”.
Garantía de justicia
El delito de abuso sexual prescribe, según la sentencia 14-0130 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, con fecha del 15 de marzo de 2017.
El cómputo del lapso de prescripción en casos de víctimas menores de edad comienza a transcurrir cuando la sobreviviente cumple la mayoría de edad. Mientras que si tienen más de 18 años el tiempo transcurre desde el momento en que se perpetraron los hechos y se recibió la denuncia.
“Sí, ya prescribió. Pero aunque yo pusiera la denuncia y ellos fuesen presos eso no me devuelve mi vida, la justicia puede ser a medias porque mi vida ya es otra. Me reconstruí, hice mi vida de otra manera. Aunque no tenga la justicia que quiero, esta es mi verdad”,
dijo Karelia.
La violencia sexual es toda conducta que amenace o vulnere el derecho de una mujer a decidir voluntaria y libremente su sexualidad, de acuerdo con el artículo 19 de Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud aseguran que casi una de cada tres mujeres (840 millones en el mundo) han sufrido violencia o violencia sexual a lo largo de su vida.
“Uno no sabe cuando va a tener las fuerzas ni la resistencia para hablar porque es algo que te rompe. Y si ellos me están escuchando lo único que deseo es que sus hijas, si las tienen, nunca se encuentren amigos como ellos”, dijo Karelia.
“Es difamación”
Luego de la denuncia en redes sociales de Karelia, el politólogo, Nicmer Evans, se pronunció también en X.
“Niego de forma categórica el cuestionamiento que se ha publicado en mi contra. Lo que se afirma es falso, ya que la misma persona que pretende denunciar reconoce que no tiene pruebas y que el hecho que describe estaría igualmente prescrito”, escribe el director del medio Punto de Corte.
El politólogo aclaró que una acusación sin pruebas es difamación. “Por otra parte, quienes se dedican a replicar e inventar sobre esta mentira deben saber que también incurren en un delito y asumen responsabilidad legal. Reservo desde ya mi derecho a tomar las acciones que correspondan ante la ley contra quien originó esta falsedad y contra quienes la sigan difundiendo”.
En Venezuela no hay cifras oficiales sobre el delito del abuso sexual. Las más recientes fueron en noviembre de 2025, cuando el fiscal de ese momento, Tarek William Saab, dijo que se alcanzaron 6800 condenas por abuso contra niños, niñas y adolescentes.


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