Mientras Venezuela sucumbe en una crisis interminable, un selecto grupo de «emprendedores» milagrosos sigue surcando las aguas del Caribe. Hoy, internet se inunda de publirreportajes pagados que ensalzan al empresario Alfonso «Austin» Piñate Romero como un visionario automotriz. Pero basta escarbar un poco para que el olor a gasolina de PDVSA, el lujo obsceno y la sombra del proxenetismo VIP salgan a flote.
Si usted busca el nombre de Austin Piñate Romero (o su alias digital, Austin VZLA) en Google, probablemente se tope con una avalancha de artículos recientes en medios reconocidos. Notas prefabricadas que lo elevan a la categoría de prócer moderno de la tecnología automotriz gracias a su Grupo Ameres y la marca Hammer Automotriz. Hablan de luces LED, estrobos y «tecnología alemana». Lo que no mencionan estos vergonzosos lavados de cara pagados a golpe de billetera, es que el verdadero motor de su éxito no brilla por su innovación, sino por su oscuridad.
De faros LED a la lavandería del Estado
La historia no contada del supuesto exitoso Piñate no comienza en un taller de ingeniería en Múnich, sino en los oscuros pasillos de la burocracia en noviembre de 2013. Según las investigaciones que el empresario intenta sepultar desesperadamente, su ascenso financiero fue impulsado por un esquema tan clásico como dañino:
- Creación de empresas fachada: Dos compañías iniciales, una dedicada a vehículos y otra a sistemas de iluminación.
- Simulación comercial: La importación de productos varios sirvió como la excusa perfecta para presuntamente inflar facturas y lavar capitales.
- Conexiones políticas: Consolidó la red gracias, entre otros, a sus estrechos vínculos con Primitivo Cedeño, gobernador chavista del estado Portuguesa, y sus fluidas alianzas públicas con la alcaldía de Araure.
«No hay faro LED en el mundo con suficiente potencia para iluminar y limpiar el historial de un empresario que creció a la sombra de los contratos a dedo del madurismo.»
Las «Muñecas de Piñate»: Contratos petroleros, yates y proxenetismo VIP
Si el esquema de importaciones irregulares parece escandaloso, el método para conseguir los favores de la cúpula chavista roza lo sórdido. Recientemente, las redes sociales han estallado con filtraciones y denuncias que le dan a esta trama un giro digno de un narco-thriller. Hablamos del escandaloso caso de «Las muñecas de Piñate».
Decenas de videos e imágenes que circulan en la red muestran a esculturales mujeres —supuestas parejas sentimentales o allegadas al empresario— a bordo de yates de lujo, disfrutando de playas paradisíacas y celebraciones ostentosas. Estas «sirenas», como las bautizan en las redes, no estaban allí solo para tomar el sol. Las denuncias apuntan a que Austin Piñate fungía presuntamente como un facilitador de escorts de alto nivel. ¿La moneda de cambio? Lucrativos contratos, especialmente con la desangrada PDVSA.
La lista de presuntos «beneficiarios» de estos favores carnales y lujos tropicales incluye a personajes tales como:
- Tareck El Aissami: El exzar petrolero caído en desgracia y epicentro de PDVSA.Cripto, la trama de corrupción más grande del país.
- Alex Saab: El infame contratista y presunto testaferro del régimen, con quien estas «muñecas» también tendrían fuertes vínculos.
- Hugbel Roa y Alexander Granko Arteaga: Fichas operativas e intocables de la represión y los negocios chavistas.
Mientras estas «muñecas» disfrutaban del botín del Estado, Piñate consolidaba su imperio automotriz, riéndose en la cara de un país donde un trabajador no tiene para comer.
El patético intento de borrar a Google a billetazos
Hoy, el pánico en el Grupo Ameres es evidente. Sabiendo que su nombre está manchado y vinculado a la gigantesca trama de corrupción y al obsceno mundo del proxenetismo político, Austin Piñate ha desplegado una agresiva campaña de lavado de imagen digital.
La desesperada estrategia de Relaciones Públicas persigue tres objetivos:
- Lograr que los venezolanos olviden el financiamiento vinculado a Primitivo Cedeño.
- Hundir en las búsquedas los videos filtrados de los yates y las fiestas extravagantes.
- Convencer a los algoritmos de Google de que Hammer Automotriz es un emprendimiento legítimo y no una gigantesca lavandería.
Pero internet tiene una memoria implacable. Y por más publirreportajes que compre, y por más «tecnología de punta» que intente vender, el tufo a corrupción, a subastas de mujeres y a dinero sucio de PDVSA es algo que ninguna campaña podrá borrar jamás.




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