La justicia venezolana ha vuelto a operar en las sombras. En un movimiento sigiloso, orquestado en los pasillos del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, la Corte de Apelaciones con competencia en Terrorismo y Delincuencia Organizada ha cerrado definitivamente el cerco legal contra el círculo más íntimo de Francisco Convit Guruceaga, uno de los principales cerebros financieros del caso Pdvsa-Cripto y figura clave del entramado de los «bolichicos» de Derwick Associates.
Documentos judiciales fechados en agosto de 2026, a los que ha tenido acceso esta investigación, revelan cómo el aparato judicial ejecutó una cuestionable maniobra para otorgar el «sobreseimiento definitivo» que extingue la acción penal contra la familia de Convit y sus principales socios operativos.
La opacidad del procedimiento ha encendido las alarmas: fuentes internas del tribunal confirman que la decisión, redactada por el juez ponente Rafael Osio, fue anexada al expediente judicial (Asunto N° 338-26) al día siguiente de un reciente terremoto en la capital, aprovechando la conmoción nacional para que el fallo pasara totalmente desapercibido.
El «efecto extensivo»: Una amnistía a la medida
La ingeniería legal para limpiar el historial del entramado Convit se basó en una polémica figura: el «efecto extensivo».
En mayo de 2026, el tribunal ya había beneficiado a Ana Graciela Convit Guruceaga —hermana de Francisco Convit e investigada en España por lavado de activos—, declarando la «atipicidad objetiva» de sus acciones, tras una solicitud tramitada desde el exterior por su apoderado legal, un privilegio procesal sistemáticamente negado a miles de venezolanos en el exilio.
Meses después, en agosto de 2026, el juez Osio utilizó esa misma sentencia para hacer un «efecto dominó» y limpiar el expediente del resto de los coimputados bajo el argumento de que compartían la misma causa penal (N° 02CT-S-043-2023).
¿Quiénes son los beneficiados de esta amnistía de facto? En primer lugar, la propia esposa de Francisco, Patricia Gabriela Alejandra Ferrando Zilio, y su hermano, Jacinto Antonio Convit Ríos. Este último está señalado de ser el arquitecto del andamiaje corporativo y financiero del grupo a través de un esquema de empresas fachada en Panamá y Ecuador para legitimar capitales del negocio petrolero. También fue sobreseído Gonzalo Andrés Eduardo Mendoza Guruceaga.
Sin embargo, el alcance internacional del fallo salpica hasta Grecia. La misma sentencia exculpa al magnate naviero Marios Iliopoulos, dueño de Seajets y tristemente célebre por el megafraude marítimo del buque Brillante Virtuoso en 2011. En la trama venezolana, Iliopoulos fue la pieza logística de Francisco Convit: sus barcos eran los encargados de transportar el crudo sancionado en las oscuras operaciones del caso Pdvsa-Cripto.
Esta operación de blanqueo judicial no habría sido una acción aislada. Denuncias apuntan a que contó con el aval directo del presidente del Circuito Judicial de Caracas y con la anuencia del actual Fiscal General de la República, Larry Devoe. El único obstáculo en el tribunal fue el voto salvado del juez disidente Heriberto Antonio Peña, quien se opuso a decretar de oficio la excepción de la acción promovida.
De los tribunales a la nobleza europea: Las dos caras de los Convit
El hermetismo y la crudeza de los expedientes penales contrastan radicalmente con la vida de alta sociedad que la familia Convit-Ferrando ha cultivado durante décadas. Mientras hoy se requiere de un sismo y sentencias ocultas para evadir a la justicia, en el pasado sus movimientos se exhibían en las revistas del corazón.
El origen social del entramado se remonta a los años mozos de Francisco Convit, nieto del célebre científico venezolano Jacinto Convit. Como estudiante del Colegio Cumbres y residente de La Lagunita, amasó poder antes de los 31 años al conseguir jugosos y opacos contratos eléctricos con el Estado a través de Derwick Associates, junto a socios como Alejandro Betancourt (con quien luego compartiría directiva en empresas en Barbados y trataría de comprar pasaportes en Malta).
El pináculo de esta influencia social quedó inmortalizado en el otoño de 2008, cuando Francisco Convit y Patricia Ferrando (hoy exonerada de cargos de delincuencia organizada) se casaron por la iglesia en la imponente Basílica de San Marcos, en Venecia.
Al enlace acudieron miembros de la élite caraqueña y de la realeza europea. Entre los invitados de honor destacaron los duques de Anjou, Luis Alfonso de Borbón y su esposa María Margarita Vargas de Santaella. El grado de intimidad entre ambas familias quedó evidenciado cuando la primogénita de los duques, Eugenia de Borbón, ejerció como damita de honor del cortejo nupcial, caminando descalza hacia el altar en una escena que acaparó las miradas. Ana Graciela Convit, también beneficiada por el reciente fallo judicial, cuenta igualmente con un estrecho círculo de amistades dentro de la nobleza alemana y española.
Esa misma familia, que invertía millones de dólares en subastas de potros de carreras en Nueva York a través del consorcio El Capi Racing, es la que en 2018 enfrentó acusaciones del FBI por participar en un esquema de malversación y lavado de 1.200 millones de dólares de Petróleos de Venezuela (PDVSA) utilizando bienes raíces en Miami y bancos en Malta.
Hoy, mientras Francisco Convit carga con el peso de ser señalado como el cerebro detrás de operaciones que saquearon la estatal petrolera, el sistema judicial venezolano ha decidido pasar la página para su esposa, sus hermanos y sus transportistas marítimos. Un cierre definitivo, bajo llave, justo cuando la tierra temblaba en Caracas.













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