La caída de Maduro: Con el régimen en el poder, dificilísimo recuperar la democracia – Por Juan Carlos Buitrago Arias

Compartir

Años de intento son los acumulados por parte del gobierno de los Estados Unidos y muy pocos aliados, para que se propinara el mayor golpe desestabilizador contra el régimen dictatorial de Chávez y Maduro en Venezuela. El 3 de enero de 2026 se cumplió un importante y arriesgado objetivo, hábilmente preparado durante 6 meses por la Administración Trump para justificar el uso de la fuerza militar: neutralizar la cabeza del régimen, mediante una operación de extracción impecable del dictador Nicolás Maduro, y su esposa y cómplice Cilia Flores.

La operación “determinación absoluta” se enmarcó dentro de las facultades constitucionales y legales otorgadas al Presidente de los Estados Unidos, previa autorización del Parlamento, para ejecutar “expeditionary operations, que consisten en el despliegue rápido y flexible de fuerzas militares combinadas (Ejército, Marines, Fuerza Aérea, Armada) a nivel mundial a fin de responder a una crisis, proyectar poder, estabilizar regiones o realizar misiones de combate en territorios extranjeros”.

Ahora bien, desde la perspectiva táctica el éxito es total; y para ello se puso a prueba el sofisticado nivel de inteligencia y de penetración silenciosa de las experimentadas agencias de Inteligencia americana, las más avanzadas del mundo, tal como ocurrió con la localización y baja de Osama Bin Laden. Pero, lo que aún no está claro y que profundiza la incertidumbre, es el alcance estratégico de la operación detrás del golpe, independientemente de los consabidos intereses económicos y petrolíferos anunciados por el Secretario de Estado Marco Rubio.

Hasta el año anterior y por más de 20 años, las fuerzas de inteligencia externas de toda índole, permanentemente activadas contra el régimen venezolano, se movilizaron estratégicamente de tres formas: de un lado buscando la cooptación fiel y segura de alfiles claves del  régimen, tanto políticos como militares; de otro, mediante intentos de intrusión clandestina a territorio venezolano por parte de mercenarios a través de operaciones de decisión rápida y que a cambio de recompensas, neutralizaran y sometieran las cabezas del régimen; y finalmente, con la generación sistemática de condiciones críticas, de presión y tensión, internas y externas, que conllevaran a un punto fulminante e irreversible de la crisis. Una implosión multidimensional, generalizada y sostenida.

En todas las anteriores, siempre con el protagonismo de los Estados Unidos, muchas veces en cooperación con las autoridades colombianas y algunas, con muy pocos países aliados, al igual que con una oposición dividida, indiscreta e indisciplinada; el propósito estratégico siempre fue indiscutible e innegociable: lograr el sometimiento absoluto del régimen y dar inicio a una transición ágil, diligente e integral hacia la recuperación de la democracia y el estado social de derecho. Lo que en la actualidad, no parece ser el caso, pese a que las circunstancias han sido las más favorables y optimistas desde la vigencia de la dictadura.

Causa especial atención el desplazamiento evidente del que han sido objeto, casi ignorados, los líderes de la oposición

El Gobierno Trump ha manifestado que las próximas semanas serán cruciales de cara al futuro de Venezuela. Ya han sido liberados algunos presos políticos y afloran señales de temor en el régimen; pero causa especial atención el desplazamiento evidente del que han sido objeto, casi ignorados, los líderes de la oposición, luchadores con mérito inigualable como es el caso del presidente legítimamente elegido Edmundo González y la Premio Nobel de Paz María Corina Machado, quienes deberían estar desde ya, como corresponde, al frente de la conducción y recuperación de su país. ¿Obedecerá esto, a la estrategia diseñada por los EE. UU? ¿Los incorporará a su debido tiempo en el proceso de transición? Ojalá este sea el escenario, porque dificilísimo avanzar en un proceso de normalización con el régimen incrustado en el poder. ¿Prevaleció la táctica sobre la estrategia?

Es irrefutable, los herederos de Maduro agotarán toda su experimentada perversidad para reafirmarse en el poder y lo tienen claro, el tiempo es su principal aliado. En consecuencia, mientras funciona o no la coadministración de los Estados Unidos, y/o se repiten otras operaciones tácticas de extracción; actores e intereses en disputa, buscarán soterradamente vías de escape para sortear la coyuntura, con maniobras de engaño hacia el gobierno Trump, autogolpes de estado (Diosdado y Padrino), exilios y entregas voluntarias, y voces de súplica a Irán, China, Rusia, Corea del Norte y Turquía.

Desafortunadamente Colombia atraviesa el peor escenario de cooperación con los Estados Unidos en su historia reciente. Otro hubiera sido el gana-gana con un Gobierno serio. Es así como, la reunión prevista para febrero entre los presidentes de ambos países, poco o nada cambiará el estado de cosas, porque el mandatario colombiano no tiene capacidad de maniobra, llega a la Casa Blanca en estado extremo de desacreditación, incluido en la lista OFAC y aislado de la Comunidad Internacional. En sus entrevistas lo ha dejado entrever: capitalizará la afortunada visita para aliviar en algo las sanciones que a partir del próximo 7 de agosto tendrá que enfrentar junto a su familia y a sus escuderos, con los Estados Unidos.

Por ahora la prioridad estratégica de Trump y Rubio hacia Colombia, es lograr la salida del Pacto Histórico del poder y recuperar una dirigencia que retome nuestra tradicional, incondicional y efectiva alianza.

Del mismo autor: Colombia no se merece tener que elegir entre “Defensores de la mafia o del terrorismo”




 

Economista venezolano Jesús Casique realiza colecta para la compra de insumos y medicamentos tras sufrir ACV


COMMENTS