El origen del accidente de Urda (Toledo) se dio tras la caída del sistema de tres ordenadores –encargados de la gestión del sistema de señalización LZB– que se encuentran en edificios técnicos repartidos por toda la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Un escenario que provocó que se quedaran 63 kilómetros sin señalización y obligase al centro de control de Atocha (Madrid) a intervenir. Según fuentes conocedoras, «estos ordenadores fallan de forma recurrente, son del siglo pasado y se ha pedido en varias ocasiones que se reemplacen».
Cuando uno de estos ordenadores se cae, la vía queda sin señalización y los trenes se paran por seguridad. Mientras tanto, los técnicos los resetean para que vuelva a funcionar el tráfico ferroviario. Las mismas fuentes sostienen que es necesario renovar estos sistemas porque los nuevos que se están instalando «son mejores». Las críticas de los trabajadores de mantenimiento sobre estos aparatos son constantes. Además, remarcan que en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla hay decenas de ellos y que también se encuentran en el resto de líneas ferroviarias del país.
El sistema de protección LZB utiliza un cable –gestionado por estos ordenadores (aunque también hay algunos nuevos), que van en este caso desde la estación de Atocha (en Madrid) hasta la de Santa Justa (en Sevilla) junto a la vía– que transmite señales para supervisar continuamente la circulación ferroviaria. El LZB necesita suministro eléctrico y unos sistemas (que son los ordenadores), que hay en las estaciones colaterales o en edificios técnicos que hay durante el recorrido. Cuando fallan los ordenadores que hay entre dos puntos del recorrido, como ocurrió el pasado miércoles, dejan el tramo inoperativo y deja de funcionar el sistema LZB.



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