A partir de 28 entrevistas semiestructuradas realizadas a familiares de personas privadas de libertad por motivos políticos en Cuba —25 de ellas mujeres—, este informe documenta la situación penitenciaria en la isla. Los hallazgos se contrastaron con las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Mandela) y las tipologías de represión documentadas por Cubalex.
La documentación revela que el encarcelamiento político opera como un castigo extendido: la sanción no termina en la celda, sino que se proyecta sobre el hogar mediante el empobrecimiento inducido, el hostigamiento estatal y la transferencia a la familia de responsabilidades que corresponden al Estado. En la mayoría de los casos, el núcleo familiar provee la totalidad de la alimentación complementaria, los medicamentos, los artículos de higiene, la ropa de cama e incluso el agua de beber de la persona presa de ahí que quien carece de esta red de apoyo queda, en palabras de una entrevistada, ¨en la indigencia¨.
Las magnitudes documentadas en la investigación dimensionan la gravedad de esa carga: cada entrega de un saco o jaba de alimentos y medicinas cuesta entre 20.000 y 60.000 pesos cubanos por entrega, en contraste con un salario mínimo de 3.210 CUP mensuales. Asimismo, el transporte para las visitas oscila entre 400 y 15.000 pesos en función de la distancia, mientras que los medicamentos se compran íntegramente en el mercado informal. Bajo estas condiciones, el 60 % de las personas entrevistadas identificó la necesidad económica como la más urgente; varios hogares reportaron vivir con una sola comida al día.


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