En la misma semana estuve en El Salvador y República Dominicana. Salir de la patria milagro que construye Bukele hacia La Hispaniola para hablar de Haití es como ir del cielo a la tierra. Haití enfrenta una aguda “balcanización” criminal.
Fui invitado a Santo Domingo como panelista en la presentación de una obra magistral, considerada la investigación más rigurosa realizada en una década sobre Haití y que devela material documental hasta ahora resguardado: La conjura haitiana y la maldición dominicana, de Francisco Tavárez – El Demócrata. Comunicador, estratega y empresario. Un líder con una brillantez excepcional y legitimidad indiscutible.
En seis meses, su libro ya pasó por Guadalajara y Bogotá, y fue premiado en Madrid. El mismo día del lanzamiento, el 30 de septiembre, la ONU prorrogaba por seis meses la Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití y, esa misma semana, se extraditaba a EE. UU. a los 22 mercenarios colombianos acusados del magnicidio en 2021 del presidente Jovenel Moïse.
La Fuerza Multinacional funciona a medias. Aprobada en septiembre de 2025 para 5.500 hombres, solo desplegó 1.083, una quinta parte. La misión keniana anterior se fue en abril por falta de dinero y de voluntad. Y mientras la comunidad internacional discute mandatos, las pandillas gobiernan y los dueños del poder, las mafias, administran el caos. Es una gobernanza criminal: cobran impuestos, imparten justicia, dominan territorios y tienen bajo constante temor a la población. Haití está “balcanizada”: son más de 200 repúblicas criminales. Cada barrio de Puerto Príncipe es un país con un señor de la guerra. En otras palabras, es una “criminalocracia”.
Los indicadores son escalofriantes. Puerto Príncipe es la ciudad más violenta del mundo, con una tasa de 197 homicidios por cada 100 mil habitantes. Según la OIM, hay 1,5 millones de desplazados internos y más de 2 mil secuestros al año. La última masacre, en 2026, arrojó 70 muertos.
La proyección hacia República Dominicana es crítica y el peligro, inminente. En 2025, las pandillas se tomaron Mirebalais, sobre la autopista que conecta a Puerto Príncipe con la frontera, y liberaron a 500 presos. Luego ocuparon Lascahobas, a 20 minutos de República Dominicana, y robaron vehículos a la brigada haitiana. En febrero de 2026, cuatro mujeres fueron decapitadas y arrojadas en una zona fronteriza. Y el año pasado, bajo el liderazgo del presidente Abinader, el país se movilizó y presionó la deportación pacífica de diez mil haitianos asentados irregularmente en el denominado Hoyo de Friusa, en Punta Cana.
¿Caos o conjura? Esa es la pregunta central de Francisco Tavárez en su obra. Afirma que el caos es controlado por criminales con mucho poder camuflados de políticos, empresarios y operadores de la seguridad, militares y policías activos y retirados. Las pandillas son su “ejército” criminal.
La isla es trasbordo de cocaína procedente de Colombia y Venezuela. En julio de 2025, se incautaron 1.045 kilos en Isla Tortuga, el cargamento más grande en 30 años. International Crisis Group indica que las pandillas se quedan con cerca de 75 millones de dólares al año por extorsiones al comercio que ingresa desde República Dominicana.
En febrero de 2025, el presidente Abinader declaró 23 bandas terroristas en Haití. Estados Unidos lo hizo en mayo de 2025 con las pandillas Viv Ansanm y Gran Grif. La frontera está resguardada por 11.000 militares y tiene 70 km de alambrada, pero no es suficiente para 391kilómetros de frontera, sumado al negocio de la corrupción que ahonda el crimen y la violencia.
Hace 25 años, Naciones Unidas intervino Kosovo. Hoy se ha recuperado la institucionalidad y la democracia avanza con solidez. Expertos coinciden en que una solución similar, urgente y determinante, es la que se requiere para Haití, porque el impacto de su crisis es global. No es solo un asunto de República Dominicana, cuya capacidad de maniobra es limitada. Tan solo le alcanza para anticiparse a la amenaza y evitar sus graves consecuencias. En buena hora, la obra de Francisco Tavárez presenta 16 recomendaciones que deberían tenerse muy en cuenta para conjurar la conspiración que enfrenta la otrora nación con mayor riqueza de América en 1789 y la primera república afroindependiente de la historia.

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