Por Redacción de reportedelaeconomia.com
Si hay alguien que sabe cómo sacarle provecho a las crisis (y sobrevivir a explosiones literales), es Ernesto Guevara Rodríguez. El contratista petrolero, cuya megamansión en Puerto La Cruz voló en pedazos en abril de 2023, por una presunta «acumulación de gases», no está retirado. Según filtraciones recientes de empleados activos de la industria, Guevara está de vuelta en Venezuela, merodeando los pasillos del poder y con la chequera abierta.
El tablero político actual parece sacado de un guion surrealista, pero es el caldo de cultivo perfecto para un operador de su talla. La supuesta «reconstrucción» de la industria petrolera venezolana ha abierto una ventana de oportunidad insólita, basada en los siguientes ejes:
- Sintonía política inesperada: Directrices impulsadas por la administración de Donald Trump han encontrado un pragmático y extraño compás de ejecución con la mandataria encargada, Delcy Rodríguez.
- El «músculo financiero» como pase VIP: Las nuevas reglas del juego exigen capital privado fuerte para reactivar operaciones. Y a Guevara, si algo le sobra, es precisamente liquidez, amasada durante dos décadas ininterrumpidas como contratista del Estado.
El «Modus Operandi»: Cómo ganar licitaciones compitiendo contra uno mismo
El descaro de que un personaje con el prontuario de Guevara se postule ahora como un «inversor clave» para la reconstrucción petrolera roza el insulto. Su historial no es el de un gerente exitoso, sino el de un arquitecto de fachadas corporativas. Desde hace más de veinte años, sus compañías nunca han dejado de desangrar y facturarle a PDVSA.
El esquema de Guevara es burdo pero le ha funcionado a la perfección durante décadas. En lugar de competir en igualdad de condiciones, ha colocado a un séquito de testaferros al frente de un holding fantasma. Así opera su monopolio en las sombras:
- Inundación de licitaciones: Cuando PDVSA requiere desde suministros básicos hasta grandes taladros petroleros, Guevara inscribe a tres o cuatro empresas distintas en el proceso de procura.
- Ilusión de competencia: En el papel, varias compañías con diferentes accionistas se disputan el contrato. En la realidad, todas esas firmas de maletín fueron constituidas mediante prestanombres, y son controladas por él.
- El triunfo garantizado: Sin importar cuál «empresa» gane, el cheque de PDVSA siempre termina en las mismas cuentas bancarias.
El estruendo de Pueblo Viejo en 2023 solo le quitó el anonimato a un hombre que hoy, lejos de rendir cuentas por monopolizar la contratación pública, hace fila para repartirse la nueva torta petrolera.
Triangulación, crudo y el ridículo en la trama del «Perro de Azúcar»
Lejos de asustarse con las sanciones impuestas por Washington contra PDVSA, el holding de Ernesto Guevara Rodríguez las vio como un acelerador de ganancias. Documentos recientes, extraídos por exempleados que huyeron de la estatal petrolera en los últimos meses, demuestran que sus empresas continuaron operando a plena capacidad. Desde la venta de tornillos hasta la provisión de enormes taladros petroleros, el flujo de facturación jamás se detuvo.
Pero cobrar en dólares se volvió un problema, así que PDVSA empezó a pagarle con petróleo sancionado. ¿Cómo liquidar ese crudo en el mercado negro internacional sin encender las alarmas? El holding de Guevara habría montado un esquema de triangulación financiera y comercial hacia Asia y Medio Oriente con una fachada tan descarada como creativa: hacer pasar los barriles de petróleo por materias primas agrícolas.
Así nació el infame episodio bautizado en los bajos fondos financieros como la trama del «Perro de Azúcar». La maniobra, que recibe su nombre en honor a la icónica mascota de una de las compañías de Guevara que comerciaba con Cuba, funcionaba de la siguiente manera:
- Camuflaje naviero: En los papeles y manifiestos de carga, el crudo venezolano sancionado mutaba por arte de magia. Oficialmente, los barcos transportaban azúcar brasileña, arroz o maíz.
- El cazador cazado: En un giro de ironía kármica, Guevara terminó siendo supuestamente estafado en esta red por un grupo de hábiles empresarios franceses y brasileños que lo dejaron sin el crudo y sin los fondos en la operación del azúcar.
Sobornos en CITGO y una impunidad que desconcierta
El prontuario de Guevara trasciende las fronteras venezolanas. Su nombre ya había manchado expedientes en Estados Unidos tras verse envuelto en una red de sobornos pagados a antiguos altos ejecutivos de CITGO, un caso que fue judicializado en cortes norteamericanas.
Con este historial, sumado a la presunta venta de petróleo sancionado, los exempleados exiliados de PDVSA no logran entender un detalle fundamental: ¿Cómo es posible que a estas alturas el Departamento del Tesoro o la justicia estadounidense no hayan emitido bloqueos masivos ni órdenes de captura contundentes contra Guevara?
Aunque el operador financiero ha logrado esquivar a la OFAC y a la justicia penal hasta el día de hoy moviéndose por jurisdicciones opacas, las fuentes que filtraron los documentos advierten que el expediente sigue acumulando folios en Estados Unidos.
Un holding de papel y la indignante utilización de su propia madre
Para mover los hilos financieros y esconder el rastro del dinero, el entramado de Ernesto Guevara Rodríguez no se limitó a Venezuela. Su maquinaria de empresas abarca, entre otras, jurisdicciones clave como Estados Unidos, Panamá, México, Brasil y Ecuador. Sin embargo, el nivel de cinismo corporativo alcanzó su punto más oscuro al momento de buscar prestanombres para firmar los registros offshore.
En 2017, Guevara cruzó una línea ética insólita al utilizar a su propia madre, doña Esperanza Rodríguez de Guevara, como escudo legal. Los datos detrás de esta maniobra son, por decir lo menos, escandalosos:
- Una presidenta de 77 años: Doña Esperanza era una educadora y poetisa jubilada. No tenía la más mínima trayectoria, conocimiento o experticia financiera en el salvaje mundo de las contrataciones petroleras.
- La fachada panameña: A pesar de su nulo perfil corporativo, su nombre fue usado para constituir y avalar la sociedad Sandpiper Group, S.A. en Panamá, una de las tantas piezas del holding operado por los testaferros de su hijo.
- Vulnerabilidad documentada: Existe una grabación de sus últimos años de vida —presumiblemente hecha por su propio entorno familiar— donde se observa a doña Esperanza en una condición de salud extremadamente frágil. En el material, una voz que no aparece en cámara conversa con ella, lo que hace suponer con firmeza que la anciana participó en tramas transnacionales sin tener plena conciencia de los oscuros negocios en los que la estaban involucrando. Doña Esperanza falleció en julio de 2020.
El escudo de maletín: Las empresas y los testaferros en Venezuela
Para seguir operando «a control remoto» y sin ensuciar su firma, Ernesto Guevara ha construido un holding sostenido por prestanombres dóciles. En la primera línea de esta lavandería de identidades figuran los hermanos Roigar Enrique y Fernando Rafael Gil Hernández (oriundos de Maturín), quienes pasaron de ser simples empleados a los dueños en papel de empresas contraladas tras bastidores por Ernesto Guevara Rodríguez, tales como:
- Grupo de Empresas Guevara (GEGCA)
- Suministros y Procuras GB, C.A.
- Desarrollo Tecnológico y Servicios (DTS), C.A.
Eso sin contar a otras en Venezuela, como Sandpiper Group Ltd, donde los prestanombres son Rafael Blanco Castillo y José Urbina Mendoza.
El absurdo actual: ¿El «salvador» que PDVSA necesita?
Con un expediente que incluye presuntos sobornos en CITGO, esquemas de supuesta evasión vendiendo petróleo venezolano sancionado como si fuera azúcar brasileña, y la instrumentalización de su propia madre enferma para tapar firmas de maletín, el panorama actual resulta un chiste de mal gusto.
Que un empresario con este currículum pretenda aprovechar la actual crisis para presentarse como el «inversor con músculo financiero» destinado a la reconstrucción petrolera de Venezuela, no solo es un insulto a la lógica, sino una alerta roja.
Ernesto Guevara Rodríguez no busca reconstruir la industria; simplemente está reclamando su lugar en la mesa para seguir haciendo lo único que ha hecho durante veinte años: exprimir a PDVSA bajo toda clase de estratagemas.







COMMENTS