Por: Jorge Castro y Estefano Tamburrini (Reporte Total / Reporte de la Economía)
El pasado 16 de septiembre de 2026, supuestos miembros de las disidencias de las FARC perpetraron con éxito un ataque quirúrgico utilizando drones cargados de explosivos. El objetivo: un radar primario 3D de Indra, operado por la Aeronáutica Civil de Colombia (Aerocivil).
Este radar no es una instalación cualquiera; es la principal arma de detección de aeronaves, presumiblemente cargadas de drogas, que trazan rutas desde el Valle del Cauca hacia el océano Pacífico. Sin embargo, lo que parecía ser un simple “acto terrorista” esconde una red de negligencias, omisiones de seguridad y grandes negocios internacionales.
El suceso: Un golpe de precisión a plena luz del día

El ataque ocurrió en el corregimiento de El Carmelo, en el municipio de Candelaria (Valle del Cauca). La acción, atribuida preliminarmente a las disidencias de las FARC, tuvo como objetivo una instalación incorporada recientemente a la red de vigilancia del espacio aéreo colombiano, inaugurada apenas en julio de 2025.
A diferencia de incidentes menores en el pasado, esta vez el ataque fue de día y demasiado notable. Alrededor de las 07:00 de la mañana, se registraron cuatro explosiones dirigidas directamente al radomo (la cúpula protectora) de la infraestructura de vigilancia aérea. Aunque no hubo heridos y Aerocivil activó rápidamente sus protocolos de contingencia aérea, la antena quedó completamente destruida e inutilizable.
Llama poderosamente la atención que ciertos medios digitales españoles, especializados en temas de defensa y con marcadas afinidades gubernamentales, se han empeñado en difundir una narrativa falsa o, al menos, inexacta. Han intentado instaurar una matriz de opinión hablando de “tres impactos” y justificando el éxito del ataque bajo el argumento de una sofisticación tecnológica extrema. Pero la realidad en el terreno es otra: fueron cuatro impactos directos que hicieron añicos la estructura. Hasta ahora, en Colombia predomina el hermetismo y la confusión sin una explicación oficial convincente.
La geografía y una inexplicable falta de seguridad física

Cuando se analiza la ubicación del radar atacado (a 16 kilómetros en línea recta del Aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón, que sirve a Cali), surge una de las mayores interrogantes de este caso.
Uno podría imaginar que una instalación de seguridad nacional de esta magnitud estaría resguardada en una montaña o una sierra escarpada. Sin embargo, al revisar las coordenadas exactas, el radar de El Carmelo se erige en medio de una explanada plana, rodeada de extensos cultivos de caña de azúcar. Si una aeronave vuela a una altitud relativamente baja por esta sabana, pasa desapercibida y tiene salida directa al océano Pacífico.
A pesar de ser una zona despejada y altamente vulnerable, la seguridad física del radar era prácticamente nula. ¿Dónde estaban los anillos de seguridad perimetral? Las fuentes consultadas y el análisis del terreno revelan un panorama absurdo: no hay un puesto de policía cercano, no hay sensores de movimiento, ni siquiera un sistema de cámaras de vigilancia perimetral para identificar quiénes se acercan a la instalación.
En lugar de tecnología de protección, las autoridades colombianas parecen haber apelado a un viejo y cuestionable artilugio que tanto se le critica a los grupos terroristas en Medio Oriente: los escudos humanos. Inexplicablemente, el radar está rodeado por un numeroso y pequeño pueblo, habitado por personas humildes que en su mayoría son jornaleros de los cañaverales. Queda en el aire la sospecha de si los planificadores del radar creían que la guerrilla no atacaría la antena simplemente porque había población civil alrededor.
La respuesta de Indra y el “doble rasero” internacional

Tras el incidente, se conoció que Indra ofreció a Colombia la integración de sistemas de protección antidron (C-UAS) para proteger este y otros siete nuevos emplazamientos instalados dentro del plan de modernización del país, buscando crear una “burbuja de defensa” a su alrededor.
La excusa oficial fue que el radar atacado no contaba con estas defensas porque nadie había leído las letras pequeñas del contrato original: “NO INCLUYE EL ESCUDO ANTIDRONES”. Ese servicio, convenientemente, se presta a través de un contrato adicional. Extraño y por demás sospechoso.
Esta justificación se desmorona al mirar hacia Europa Oriental. Mientras en Colombia la vulnerabilidad de estos sistemas frente a drones de corto alcance fuerza un “debate urgente”, en Ucrania, la tecnología de radares de Indra es provista como una herramienta de vanguardia, blindada frente a estas mismas amenazas.

Volodymyr Zelensky (Ilustración)
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky compró este mismo sistema de radar con fondos propios, pero con una gran diferencia: a Ucrania, Indra le vendió la versión “full”, la cual sí incluía el escudo antidrones nativo. A Colombia, en cambio, le entregaron la versión básica, alegando que la tecnología de mitigación no estaba contemplada en el momento de la contratación colombiana.
Este doble rasero comercial pone el foco sobre Indra Group, una corporación estrechamente vinculada al gobierno español —socio fundamental del actual gobierno de Pedro Sánchez— y con un oscuro historial en América Latina, siendo recordada, entre otras cosas, por haber sido la proveedora tecnológica que sentó las bases del polémico sistema automatizado de elecciones en la Venezuela de Hugo Chávez.
Fuga de información: ¿Infiltración estatal o un oscuro negocio corporativo?

Para lograr un ataque de esta precisión, los atacantes explotaron vulnerabilidades críticas bien identificadas. Hasta el momento, las investigaciones analizan cómo la guerrilla supo exactamente cuándo y dónde golpear una infraestructura multimillonaria con dispositivos que apenas cuestan unos cientos de dólares. Surgen tres grandes hipótesis:
- Infiltración en las instituciones de seguridad (La hipótesis local): Los radares no los opera Indra directamente en el día a día, sino la Aerocivil, y están custodiados en zonas donde operan la Policía y el Ejército. Informes de inteligencia militar advierten que las disidencias de las FARC poseen un alto nivel de infiltración en las instituciones del Estado. De hecho, en Colombia es un secreto a voces que los distintos estamentos se “echan paja” (se delatan) unos a otros, apuntando a que las coordenadas y la falta de vigilancia física fueron filtradas desde las propias fuerzas de seguridad.
- El ciberataque global a Indra (La hipótesis digital): El 1 de julio de 2026, el grupo de hackers “The Gentlemen” perpetró un ataque de ransomware contra una filial de Indra Group. Aunque la empresa lo minimizó, en el mercado negro estos datos robados suelen cruzarse, abriendo la posibilidad de que los planos de infraestructura hayan caído en manos de los grupos armados.
- El sabotaje corporativo y el nuevo “Plan Colombia”: Existe un escenario aún más perverso. A raíz de la destrucción del radar, buena parte del dinero para su reemplazo saldrá del llamado “Escudo de las Américas” (el nuevo Plan Colombia). Ya se abrió una nueva licitación multimillonaria, por asignación directa, para dotar al país de un nuevo sistema. Sorprendentemente, Indra es una de las principales ofertantes. Esto levanta la severa sospecha de que la fuga de información pudo salir de la propia corporación para forzar la venta de un nuevo equipo y, ahora sí, de su costoso escudo antidrones.
El salto técnico, las vulnerabilidades y el mito de la fibra óptica

Históricamente, el Ejército colombiano neutralizaba el 96% de los drones con inhibidores de señal tradicionales (jammers). Al no contar el radar de El Carmelo con este escudo antidrones activo, los grupos armados sabían que la cúpula protectora (el radomo) era extremadamente frágil. Por necesidad técnica de transmisión de ondas, esta esfera no puede ser de acero grueso ni estar blindada, por lo que una detonación concusiva en su superficie inutiliza de inmediato el delicado hardware interno.
Para justificar que la antena fue destruida tan fácilmente, las autoridades y ciertos medios han tratado de sembrar una excusa técnica: el supuesto uso de drones guiados por fibra óptica. Afirman que, al ir conectados por un cable, estos aparatos son imposibles de bloquear por radiofrecuencia. Sin embargo, esta explicación es completamente absurda y funciona como una cortina de humo para tapar la negligencia estatal.
Si el radar no tenía inhibidores de señal (jammers), los atacantes no tenían ninguna necesidad de usar cables. Utilizar fibra óptica implicaría desplegar a cuatro operarios en tierra firme, soltando 300 metros de cable por cada uno de los cuatro drones, en medio de una planicie rodeada de un caserío campesino a plena luz del día. ¿Nadie vio a cuatro hombres con carretes de cables? En los registros no se observa ningún cable ascendiendo ni descendiendo; la trayectoria de los drones fue en picada directa desde el cielo. La realidad es mucho más cruda y simple: al no tener defensas electrónicas, bastó con enviar drones convencionales a control remoto. No necesitaban sofisticación, solo aprovechar el abandono de la instalación.
“Perros de la guerra” y el entrenamiento en la Legión Extranjera de Ucrania

Volodymyr Zelensky (Ilustración)
La sofisticación táctica del uso de múltiples drones kamikaze de forma coordinada no es un invento local. Coincide directamente con la doctrina importada desde el conflicto ucraniano. Sin embargo, el entrenamiento de combatientes colombianos en Europa del Este revela una oscura trama financiera y geopolítica.
Lejos del martirologio, el victimismo y la imagen de “defensor de la patria” que proyecta hacia Occidente, Volodymyr Zelensky opera en este ámbito como un auténtico “perro de la guerra”. Bajo la fachada de la “Legión Extranjera”, a donde supuestamente llegan voluntarios idealistas, el gobierno ucraniano vende literalmente “los cupos” de entrenamiento.
Estos “cadetes” no son voluntarios: son miembros activos enviados por las disidencias de las FARC, el ELN y los cárteles del narcotráfico (e incluso de otras partes del mundo) que pagan enormes sumas de dinero a Zelensky para recibir adiestramiento en el frente de batalla real. Allí aprenden a operar drones FPV (First Person View) a velocidades extremas, ensamblar cargas explosivas de alta potencia y evadir sistemas de inteligencia del Estado.
El eje Irán – Venezuela – Cuba y el futuro en Sudamérica

(Ilustración)
La paradoja geopolítica de este conflicto alcanza niveles insólitos. Mientras a Zelensky se le acusa desde algunos sectores de tener vínculos con la ultraderecha, paradójicamente el éxito tecnológico de esta guerra asimétrica termina retroalimentándose con diseños provenientes de Irán. Hoy en día, los mejores drones para combatir a las fuerzas occidentales son los iraníes.
Lo más alarmante para la región es que esta tecnología ya está instalada en el vecindario. Estos dispositivos de tecnología iraní se están fabricando actualmente en Venezuela, en una planta de ensamblaje de drones que, irónicamente, fue inaugurada en su momento por el empresario de origen palestino Alex Saab. Aunque los asesores iraníes se marcharon, la fábrica quedó operativa y seguiría produciendo en el estado Aragua.
A esto se suma la amenaza de los drones de “ala fija” (los más efectivos en ataques a larga distancia), un diseño que ya se sospecha está en manos del régimen de Cuba y que representaría su principal arma de respuesta en caso de un conflicto directo con Estados Unidos. El ataque en el Valle del Cauca es solo la punta del iceberg: esta letal forma de combate aéreo de bajo costo llegó a Sudamérica para quedarse.
“Escudo Nacional Antidrones”: El millonario negocio de la guerra

La transferencia de conocimiento técnico desde Europa Oriental ha roto, de forma temporal, la superioridad aérea histórica del Ejército colombiano. Esto explica el drástico incremento y la sofisticación de los ataques en regiones como el Cauca, el Valle del Cauca (como el atentado al radar de Indra) o Arauca, donde el número de ofensivas con drones pasó de cero en 2023 a centenares entre 2024 y 2026.
Para contrarrestar esta amenaza, el Ministerio de Defensa estructuró el Escudo Nacional Antidrones, un proyecto monumental que deja al descubierto los enormes intereses económicos detrás del conflicto:
- Monto total de la inversión: El proyecto completo tiene un valor estimado de 6,2 a 6,7 billones de pesos colombianos (aproximadamente 1.660 a 1.680 millones de dólares).
- Presupuesto de la Primera Fase: El presidente Abelardo De La Espriella aprobó una asignación inicial de 1 billón de pesos (alrededor de 270 millones de dólares) para implementar el plan.
Como se mencionó anteriormente, sospechosamente la contratación de estas tecnologías se hará de manera directa, abriendo la puerta a criterios de selección opacos. Ahora sí están previstos los aspectos que inexplicablemente se omitieron al inicio: tecnología avanzada de sistemas soft-kill (inhibidores avanzados de espectro, guerra electrónica) y sistemas hard-kill (láseres de energía dirigida, armas de intercepción física y munición de impacto).
El catálogo del mercado bélico: Las empresas que pujan

El jugoso presupuesto financiado en parte por el nuevo Plan Colombia (el Escudo de las Américas) ha atraído a gigantes corporativos de todo el planeta, quienes compiten ferozmente por la asignación directa:
- Indra (España): En un movimiento que raya en el cinismo corporativo, tras el reciente ataque a su propio radar desprotegido en el Valle del Cauca, la compañía española se posicionó agresivamente ofreciendo su propio ecosistema C-UAS (Crow) para blindar sus infraestructuras. Es decir, buscan cobrar una nueva millonada por el escudo que omitieron en la venta original.
- Anduril Industries (Estados Unidos): Una de las tecnológicas de defensa más disruptivas y proveedora del Pentágono. Ofrecen sistemas autónomos interceptores (drones kamikaze diseñados para cazar otros drones) guiados por Inteligencia Artificial (Lattice OS), idóneos para la geografía colombiana.
- Dedrone (Estados Unidos): Gigante mundial en software de seguridad del espacio aéreo, especializada en la detección temprana e identificación mediante radiofrecuencia y sensores ópticos.
- MKE Corporation (Turquía): Intenta posicionar su sistema Tolga, una robusta plataforma que combina detección y mitigación de tipo hard-kill (destrucción física con armamento automatizado de 12,7 y 25 milímetros). Ya cuentan con cabilderos privados en Colombia.
- Baykar (Turquía): Reconocida mundialmente por sus temibles drones militares Bayraktar TB2 y TB3.
- Bharat Electronics Limited – BEL (India): Gigante estatal clave por su capacidad para proveer contramedidas electrónicas a gran escala.
- NT Service (Lituania): Proveedor europeo clave en interferencia portátil y vehicular, ampliamente probado en la OTAN.
- Lockheed Martin (EE. UU.) y Saab (Suecia): Gigantes tradicionales que ofertan soluciones integradas de mando, control y defensa aérea de largo alcance.
Las “Escuelas de Droneros” en la selva colombiana

(Ilustración)
Mientras los despachos gubernamentales y las corporaciones discuten contratos billonarios, en el terreno la realidad es desgarradora. Las disidencias de las FARC (especialmente las facciones lideradas por alias Iván Mordisco) han estructurado campos de entrenamiento clandestinos especializados en guerra de drones.
La principal escuela detectada se ubica en la inhóspita región del Naya, una zona selvática estratégica entre el Cauca y el Valle del Cauca. Bajo el mando de cabecillas como alias Dionisio Rayo, el grupo armado busca expandir este modelo a por lo menos ocho departamentos más. Las estadísticas de reclutamiento son alarmantes: casi la mitad de los reclutados en zonas rurales corresponden a jóvenes de comunidades indígenas, y cerca del 40% de las víctimas son niñas, quienes son forzadas a realizar múltiples tareas logísticas y delictivas dentro de los campamentos.
La gamificación de la muerte: El “engaño del videojuego”

(Ilustración)
Una de las tácticas más perversas documentadas por oficiales de protección infantil y Human Rights Watch es cómo los comandantes introducen a los jóvenes en el manejo de estas armas de destrucción. A través de una macabra “gamificación” de la guerra, el pilotaje de drones FPV se les presenta como si fuera un videojuego o una actividad lúdica inofensiva, ocultándoles la gravedad del combate real.
Los grupos armados buscan perfiles muy jóvenes precisamente por su adaptabilidad tecnológica natural para asimilar el uso de las gafas FPV y los controles de mando de alta velocidad que requieren estos drones kamikaze. La tragedia llega en la etapa final de este “entrenamiento”, la cual consiste en enviar los aparatos reales, cargados de explosivos letales, contra estaciones de policía, bases militares o infraestructuras críticas como el radar de Indra.
Redes de reclutamiento digital: La trampa en TikTok

(Ilustración)
El terror ha evolucionado y hoy cabe en la pantalla de un teléfono inteligente. Las plataformas de redes sociales (como TikTok, Instagram y Facebook) se han convertido en los canales más eficaces de propaganda y enganche guerrillero.
A través de videos minuciosamente editados, con música urbana llamativa y transiciones dinámicas, muestran la supuesta “superioridad y tecnología” de sus frentes armados operando aeronaves de última generación. Así logran atraer a adolescentes vulnerables mediante falsas promesas de estatus, dinero y, sobre todo, acceso a dispositivos tecnológicos modernos.
Lo que estamos presenciando parece la trama de una de esas películas futuristas apocalípticas, pero es la cruda y peligrosa etapa en la que acaba de entrar Colombia. Un escenario donde la alta tecnología, el abandono estatal y el negocio de la guerra se combinan para cambiar definitivamente las reglas del conflicto en Sudamérica.


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