Elecciones en Colombia, país blindado para la segunda vuelta entre Cepeda y De La Espriella: entre atentados, restricciones y ataques a los medios

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POR: Estefano Tamburrini

Horas tensas en Bogotá. Amenazas y violencia han marcado la víspera de la votación. Es el día de la segunda vuelta entre el progresista Iván Cepeda —Pacto Histórico— y el ultraconservador Abelardo De La Espriella —Defensores de la Patria—, conocido como El Tigre, que aventaja por al menos cuatro puntos según los sondeos. “Ley seca”, titulan los medios locales al anunciar la prohibición de bebidas alcohólicas, en vigor hasta las 12 del lunes. También están prohibidos el porte de armas y la presencia de pasajeros en motocicletas, para prevenir el modus operandi de los sicarios. “Que todas las organizaciones políticas e instituciones respeten los resultados”, es el llamado conjunto de Hernán Penagos, jefe de la autoridad electoral, y del procurador general Gregorio Eljach. “Después de depositar la papeleta en la urna, permanezcan en sus casas. Y tengan la certeza de que sus votos serán protegidos”, garantiza el ministro de Defensa Pedro Sánchez. Son intentos de desescalada antes de que la situación degenere.

Fueron enviados 400 mil efectivos a las calles, entre militares y policías: uno por cada cien electores. Un despliegue fundamental tras los recientes episodios de violencia denunciados por ambos bandos. El viernes, en Cundinamarca, grupos armados no identificados dispararon siete balas contra el vehículo en el que se desplazaban dos activistas de De La Espriella. En esas mismas horas, en Antioquia, la diputada Luz Verónica Estrada sufrió un atentado similar. “Ninguna lesión, por fortuna. Mi equipo de trabajo y yo estamos bien”, dijo.

Otro atentado fue frustrado por el ejército colombiano en Aroní, a pocos metros de un centro electoral. Son señales de un choque cada vez más directo entre el país que propone La Espriella, que promete fidelidad al eje Estados Unidos-Israel y mano dura con cárcel para los grupos armados, y el de Cepeda, que apuesta por el diálogo y las reformas sociales, manteniéndose a una distancia prudente de Washington. Y sobre Israel: “Ninguna relación mientras se perpetúe el genocidio del pueblo palestino”.

El Tigre, en cambio, asegura “pleno apoyo” a Tel Aviv, al que considera un modelo a imitar en materia de seguridad. “En los primeros noventa días de gobierno recuperaremos el control total del territorio mediante un plan de choque”. Cepeda, por el contrario, considera que la primera política de seguridad consiste en “transformar los territorios” y “prevenir las causas sociales de la violencia”, mediante una “presencia integral del Estado” en las periferias. Un camino inviable en la visión de De La Espriella, para quien el Estado debe reducirse a lo esencial.

El enfrentamiento entre los líderes también se traslada a los tribunales. Recientemente, Cepeda acudió a la Fiscalía denunciando a De La Espriella por asociación para delinquir, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito. El candidato del Pacto Histórico también presentó pruebas sobre un presunto “autoatentado controlado” planificado por El Tigre para aumentar sus apoyos. En el lado opuesto, De La Espriella acumula 22 denuncias penales y 28 procesos civiles contra periodistas y activistas. “Nos preocupa el clima de intimidación contra quienes investigan o cuestionan la campaña, los financiamientos, los vínculos, los clientes, las empresas y los antecedentes del candidato”, se lee en una carta firmada por 130 periodistas en referencia a la ofensiva de De La Espriella contra la prensa.

En el plano internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró su apoyo al candidato ultra: “Guiará a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleos, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, combatir el crimen y las drogas, y restaurar la ley y el orden”. En respuesta, algunos congresistas demócratas, entre ellos Jesús Chuy García —Illinois—, enviaron una carta al secretario de Estado Marco Rubio y al fiscal general Todd Blanche, cuestionando la “injerencia” de Trump en los asuntos de Bogotá e instando a “investigar” los vínculos criminales de De La Espriella “en lugar de hacer campaña a su favor”.

También el presidente argentino Javier Milei y, algunas semanas atrás, la primera ministra Giorgia Meloni, reiteraron su apoyo a De La Espriella, haciendo la vista gorda ante los escándalos que lo rodean. En declaraciones a Ilfattoquotidiano.it, el congresista colombiano Gabriel Becerra —Pacto Histórico— explica: “Es una cuestión de intereses. La región es estratégica y Marco Rubio, favorecido por sus orígenes, ha vuelto a poner la atención sobre nosotros, con un esquema que no respeta la autodeterminación de los pueblos, sino que apunta a restablecer el control político sobre la región y sus recursos naturales, ya cuestionado por el gobierno Petro”. Para Becerra, Bogotá debe elegir entre “un pasado de militarismo, neoliberalismo y mercantilización de los derechos sociales” y el “derecho y el deber a la paz”, fruto de “décadas de resistencia”, en un país que “ha intentado todos los caminos, incluso el militar, para superar décadas de conflicto armado”.

Incluso los observadores internacionales, entre ellos Ricardo Paz, consideran que esta es “la elección más importante desde las legislativas posteriores a la Constitución de 1991”.




 

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