Badih Georges Antar Ghayar y cómo gracias a él se conocen las sombras de un «hacker ético»

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Por Christian Ramos

¿Qué se esconde detrás de la figura de R.N., el ingeniero informático venezolano que se autodenomina «hacker ético» y que ha sido admirado por algunos de sus compatriotas? ¿Qué tipo de servicios ofrece a través de su empresa de marketing reputacional MQD? ¿A quiénes beneficia con sus supuestas habilidades para manipular la información en internet? Estas son algunas de las preguntas que intentaremos responder, basándonos en testimonios, documentos y evidencias que hemos recabado.

Un negocio lucrativo y cuestionable

R.N. se ha ganado la fama de ser capaz de hacer casi cualquier cosa en la red, desde borrar referencias al pasado incómodo de ciertas personas, hasta crear una imagen positiva de sus clientes, pasando por plagiar artículos de otros sitios web y hacer reclamaciones falsas de derechos de autor. Todo ello, a cambio de miles de dólares que recibe de sus contratantes, muchos de ellos con antecedentes penales, vínculos con el narcotráfico o negocios turbios con el poder en Venezuela.

Entre los clientes de R.N. se encuentran, por ejemplo, Camilo Ibrahim Issa o Armando Iachini, dueño de la Constructora Yamaro y accionista del banco Bancamiga; así como otros empresarios cuyos nombres poseemos, pero que por el momento no revelaremos. Todos ellos han acudido a MQD para eliminar o esconder de internet las menciones a sus actividades ilícitas o controversiales.

Un engaño a los buscadores y a los usuarios

Para lograr su cometido, R.N. utiliza una serie de técnicas poco éticas y fraudulentas, que engañan tanto a los buscadores como a los usuarios de internet. Una de ellas es el copyfraud, que consiste en copiar artículos de otros sitios web, cambiarles la fecha para hacerlos parecer anteriores y publicarlos en una red de sitios web que controla R.N. Luego, se hace pasar por otras personas y presenta reclamaciones ante Google, alegando que los artículos originales son plagios y que deben ser desindexados de los buscadores. De esta forma, trata de ocultar la información que perjudica a sus clientes.

Para hacer estas reclamaciones, R.N. usa identidades falsas o de terceras personas sin su consentimiento, y argumenta falsamente que los artículos originales violan sus derechos de autor. Así, comete un delito de perjurio, al mentir bajo juramento, y abusa de la buena fe de Google, que termina siendo víctima del copyfraud.

Una falsa imagen de sus clientes

Otra de las estrategias que usa R.N. para mejorar la reputación de sus clientes es publicar artículos en internet que no tienen nada que ver con ellos, pero que les dan una apariencia de profesionales, emprendedores o altruistas. Así, los presenta como dedicados a oficios, profesiones o actividades que nunca han ejercido o realizado, pero que les dan una buena imagen ante los usuarios de internet.

Uno de los casos más recientes de este tipo de prácticas es el del operador financiero Badih Georges Antar Ghayar, quien ha contratado a R.N. para desaparecer de los buscadores las reseñas negativas que hay sobre él, relacionadas con sospechosas colocaciones financieras para personajes vinculados con el poder en Venezuela. Aunque R.N. ha negado que trabaje para Antar Ghayar, y ha culpado a la empresa Smart Reputation y a su colega Rufo Guerrero de hacer falsos reclamos para borrar la información negativa sobre el corredor financiero, fuentes cercanas a Antar Ghayar han confirmado que él mismo ha admitido en privado que ha contratado a R.N. para ese fin.

Un servicio que no garantiza resultados

Además de las malas prácticas que hemos descrito, R.N. tampoco ofrece a sus clientes una garantía de que sus servicios sean efectivos o duraderos. Según nos ha contado uno de sus antiguos clientes, cuyo nombre no revelaremos por seguridad, después de pagarle varios miles de dólares durante unos tres años, al dejar de contratar sus servicios, las referencias negativas en internet sobre él volvieron a aparecer. Otro excliente nos ha dicho que dejó de trabajar con R.N. cuando este le pidió el pago por adelantado de varios miles de dólares para seguir prestándole servicio durante un periodo de tres años.

Estos testimonios demuestran que R.N. no solo se aprovecha de la desesperación de sus clientes, sino que también les cobra sumas exorbitantes por un servicio que lo único que les asegura son las altas cifras que deberán pagarle al ingeniero y a su empresa.


 

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