Tuesday, November 30, 2021


El venezolano Maximilian Pizzorni ofrece en Montalbán 11 el ático más caro de la capital española, inspirado en obras de arte de Carlos Cruz-Diez

Desde la azotea de este tríplex de 750 metros cuadrados, contando los 200 que corresponden a su terraza con piscina,…

By admin , in Internacionales , at November 15, 2021

Desde la azotea de este tríplex de 750 metros cuadrados, contando los 200 que corresponden a su terraza con piscina, se extiende una panorámica privilegiada de Madrid. Se trata del ático más exclusivo de la ciudad -su venta alcanzó los 13.750.000 euros-, y se presenta como un nuevo concepto del espacio concebido entre arte y arquitectura. La inmobiliaria Promora, autora de la venta, lo apodó la “joya de la corona” del nuevo conjunto de viviendas Montalbán 11, el proyecto de la promotora Italinmuebles promovido por Maximilian Pizzorni bajo un compendio de emprendedores de diferentes disciplinas.

“La Bauhaus y la Universidad Central de Venezuela son referentes que coinciden en una humanización del espacio a través del arte, acercándolo de manera inédita mediante la propia arquitectura que se integra en armonía con las artes plásticas”, comenta Karina Saravo, directora de In Situ Art Projects, el estudio que ha diseñado la integración de las obras de arte en los espacios protegidos del inmueble y que pertenece al grupo Odalys, reveló Victoria Zárate en EL PAÍS.

El proyecto arrancó en 2016 y contó con la constructora Fernández Molina y el arquitecto Carlos González Weil del estudio Molior Arquitectura para materializar la rehabilitación de este inmueble ubicado a pocos minutos del triángulo de las artes que forman los museos nacionales del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Centro de Arte Reina Sofía. Respetar su fachada, una obra representativa del neoclasicismo sobrio, el patio central y las puertas originales fue uno de los ejes centrales de la reforma, la segunda que ha vivido el edificio tras su ampliación a tres plantas durante la posguerra. Con esta intervención, la escalera ha sufrido un cambio de ubicación para ampliar la zona de apeo y “aportar mayor amplitud y categoría a las viviendas y zonas comunes”, señala Karina Saravo, pero mantiene la balaustrada de madera y el herraje original con la que fue concebida a comienzos del siglo XX.

El residencial de más de 4.600 metros cuadrados consta de nueve viviendas, dos sótanos con un aparcamiento que incluye plazas eléctricas, y zonas comunes que cuentan con gimnasio, sauna, baño turco, piscina interior y varias salas multiusos. Además, la vegetación ocupa un papel primordial dentro del edificio. “Cuenta con más de 70 metros cuadrados de zonas verdes de uso común. Las especies vegetales son resilientes y están adaptadas al clima por el sello de sostenibilidad del edificio”, explica Carlos González Weil de los jardines verticales y el patio común principal que preside un altísimo liquidámbar, el árbol que ya existía del edificio original y cuya conservación condicionó la construcción de todo el subsuelo.

El arte es el gran motor del proyecto, que cuenta con la instalación permanente Ambientación Cromática Montalbán 11, del artista Carlos Cruz-Diez en su interior. La obra creada ex profeso para el inmueble fue una de las últimas que concibió en vida, finalizada por el atelier que perpetúa su trabajo en París. “El artista proyectó su intervención pensando en este edificio para dar lugar a una obra única y particular. Con Montalbán 11 afirmamos que es posible vivir en una obra de arte, en la línea del propio pensamiento que cultivó Carlos Cruz-Diez, que reivindicó esta idea en su trayectoria artística”, señala Karina Saravo.

La aportación de Cruz-Diez parte de un mural en la entrada que esconde el ascensor y la escalera principal. Una experiencia para los sentidos que continúa en el interior del ascensor con la obra Chromointerférence, que se altera durante el ascenso y descenso en cada planta, dando como resultado ocho armonías cromáticas diferentes. Por último, cada vivienda cuenta con una obra propia de paneles de metacrilato que lleva el nombre de Transchromie y cambia de geometría y color según incida la luz del sol a lo largo del día. “Carlos Cruz-Diez fue un teórico del color y pionero del arte cinético y, sobre todo, un defensor de la funcionalidad, como muestran las obras de este edificio que no solo responden a un concepto estético o artístico sino que cumplen una función”, explica Karina Saravo.  / Más en EL PAÍS

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